“¡Ah! ¡La maravillosa criatura! Supera a todas sus imitadoras por su genio musical verdaderamente desconcertante, y a todas las mujeres que he conocido por la superioridad de su espíritu, por la variedad de sus saberes y por un temperamento fulgurante del que no cabe hacerse la menor idea. Conocedora de las más diversas lenguas, cantaba en español (su lengua materna), en italiano, en francés, en alemán; y, después de ocho horas de estudio, interpretó Fidelio en Londres en inglés. Dibujaba, pintaba, bordaba, en ocasiones confeccionaba ella misma sus vestidos; sobre todo, escribía. Sus cartas son obras maestras de espíritu ágil, de elocuencia, de buen humor, que revelan una originalidad de expresión inigualada”. Gioachino Rossini
María tenía todo lo que hace falta para ser una superestrella. Se convirtió en la primera mujer en rivalizar con la adulación dispensada a aquellos héroes operísticos de los siglos xvii y xviii, los castrati, pero con la diferencia de que su fama se extendió por varios continentes. La mimaban cada vez más. Sus honorarios pasaron a ser astronómicos. La sociedad y la prensa se interesaban con creciente avidez por su vida pública y su vida privada. Numerosos compositores escribieron óperas para ella y sirvió de inspiración a artistas y poetas. Sus capacidades para la expresión dramática y musical, su figura esbelta y delicada, su manera de actuar enormemente emocional, su vida turbulenta y su vulnerabilidad física (rachas de desmayos e indisposiciones estaban a la orden del día) dieron lugar a que el mundo la tuviera por el arquetipo de la mujer romántica. Fácilmente olvidada bajo todos los clichés, sin embargo, había una mujer tenaz, independiente, moderna, que era también difícil, solitaria, a menudo desesperada, físicamente agotada y enferma. Hoy valoramos qué subjetivos pueden ser los testimonios contemporáneos y, sin embargo, podemos reconocer el carácter único de la voz de mezzosoprano de María en la música que cantaba, en los papeles concebidos para ella y en sus propias composiciones. Su amplio y excepcionalmente variado repertorio también exigía una gama de expresividad emocional y dramática a la que sólo podía hacer justicia un talento sobresaliente.
Lea la biografía completa de María en: Cecilia Bartoli On Line.















