Lutero (2003).
Dir: Eric Till
Joseph Fiennes: Martín Lutero.
Otro filme “antecedente”, esta vez sobre la vida del hombre que reformò la religiòn cristiana, protestando contra la iglesia catòlica y fundando la suya propia, que màs tarde serìa llamada por los alemanes, Luterana. En Inglaterra, Enrique VIII encontrò en esta reforma la justificación perfecta para implantar el divorcio y creò tambièn su propia rama del cristianismo: la iglesia anglicana, que hasta el dìa de hoy es liderada por el rey o reina de Inglaterra. O sea, tanto Isabel I como su tataratatara… nieta, la actual Isabel II, han sido màs papistas que el papa.
















Una precisión: Enrique VIII no abrazó el luteranismo, produjo un cisma: “simplemente” rompió con Roma, pero no realizó cambios de fondo en la doctrina religiosa (dogmas). Curiosamente, antes de la ruptura, escribió un libro contra Lutero, Defensa de los Siete Sacramentos, que le valió el título, concedido por el Papa, de Defensor de la Fe (título que -ironías de la historia- ostentan sus sucesores como cabezas de la Iglesia de Inglaterra).
El protestantismo penetró con fuerza e impregnó la Iglesia Anglicana (una iglesia calificable como catolicomorfa semicalvinista) durante el reinado de su hijo (Eduardo VI) y sobre todo en el reinado de Isabel.
Por otra parte, la película Lutero es demasiado parcial (además de embellecer al protagonista: si miramos el retrato de Cranach veremos que no se parece a Fiennes ni el blanco de los ojos). Pasa de puntillas sobre una de las grandes manchas de Lutero: la brutal represión (juntamente con los católicos) de los anabaptistas en la ciudad de Münster. Claro, una cosa és ser protestante uno mismo y otra que te salgan protestantantes dentro del protestantismo…