ryden14.jpg

Cuatro años después de su ricamente ilustrada Historia de la belleza (2004), Umberto Eco dedica un libro a aquello que puede ser considerado la contraparte menos estudiada. Frankenstein y las figuras grotescas de El Bosco, el horror de las cabezas de serpiente de la “Medusa” de Rubens o el Jesucristo de la película de Mel Gibson, todo tiene espacio en “La historia de la fealdad”.

Historia de la fealdad (2007) se compone de quince capítulos en los que se analiza la evolución de los cánones estéticos. El mal ha seducido tanto o más que el bien desde aquel conocido episodio de la serpiente y la manzana en el Paraíso. ¿Podría decirse lo mismo de la fealdad respecto a la belleza? Umberto Eco trata de averiguar por qué caminos le lleva esta pregunta en su último libro ‘Historia de la fealdad’.

El autor de ‘Historia de la belleza’, de la que se han vendido 500.000 copias en todo el mundo, busca ahora en la caverna oscura y encuentra los monstruos que pueblan lienzos antiguos y prestigiosos como los de El Bosco, figuras poco agradables de Cristo extremadamente dolorido y hasta jóvenes con ‘piercings’ que desatan la atracción por lo escabroso.

“Las sombras contribuyen a que luz resplandezca mejor”, explica Eco, que se sirve de innumerables autores, citas, textos históricos, poemas, novelas y ensayos para explicar que la fealdad y la belleza deben ser entendidas según el momento histórico y los cánones estéticos dominantes.

Brujas y posmodernos

En su nueva obra, Eco menciona a Robert Burton y su ‘Anatomía de la melancolía’ para reflexionar sobre las razones por las cuales se ama a una mujer fea. El ensayista parte de Leonardo, sigue con Rabelais, autor de ‘Gargantúa y Pantagruel’, maestro de lo épico y cómico, el gran genio de lo vulgar, lo grotesco y popular, hasta llegar a Burton y su visión melancólica del futuro -de la modernidad-, un autor que influyó en Henry James y en Marcel Proust.

“Para entender los gustos de una época no es justo escuchar sólo a los filósofos. Es necesario entender qué significa fealdad para la gente común”, reconoce Eco. El texto, dividido en 15 capítulos, analiza la evolución de los gustos y constituye una suerte de antología de la cultura occidental, un libro de arte, con diablos, brujas y posmodernos, para ilustrar la visión de la fealdad.

La atracción por lo feo, arguye Eco, se muestra en la abundancia de sinónimos: horrendo, desagradable, monstruoso, odioso, espantoso, fétido, sucio, repelente, vil, deforme, repugnante o antiestético. “La historia de la fealdad es decididamente más interesante que la historia de la belleza”, reconoce Eco, quien al parecer se divirtió reconstruyendo increíbles historias de horror y desprecio desde la época de los griegos, pasando por la Edad Media hasta llegar a la exaltación de la ‘fealdad’ entendida como lo diferente en el mundo moderno.

Todavía hay bellezas clásicas como la de Nicole Kidman o la de George Clooney, e incluso el diseño de televisiones y automóviles se basa en los cánones renacentistas de las divinas proporciones. Pero al mismo tiempo triunfan en el arte los tiburones muertos de Damien Hirst o los caballos ahorcados de Cattelan, explica el autor de ‘El nombre de la rosa’.

La estética de los ‘cyborgs’, mitad máquina y mitad humanos, adolecería de ese gusto por lo inquietante. Lo mismo que la de los telediarios, incide Eco, que se demoran en el detalle de los muertos en las carreteras y en las guerra. Algo así como los cuadros de El Bosco, pero con otros medios.

Lea un análisis completo y detallado de la Historia de la Belleza y La Historia de la Fealdad, así como un adelanto de los mismos en:
http://www.elorbita.org/eco

brutezzza.jpg   eco99.jpg