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“Spartacus” hace temblar a Latinoamérica

Luego de su impactante debut en MovieCity la serie se ha convertido en todo un fenómeno de audiencias. Entérate aquí de todo sobre esta serie para que no dejes de estar al día en la Spartacusmanía:

Todo sobre: “Spartacus: Sangre y Arena”

Dioses Olímpicos: Dionisio

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En la mitología griega Hermes (en griego antiguo Έρμῆς) es el dios olímpico de las fronteras y los viajeros que las cruzan, de los pastores y las vacadas, de los oradores y el ingenio, de los literatos y poetas, del atletismo, de los pesos y medidas, de los inventos y el comercio en general, de la astucia de los ladrones y los mentirosos.[1] El himno homérico a Hermes le invoca como el «de multiforme ingenio (polytropos), de astutos pensamientos, ladrón, cuatrero de bueyes, jefe de los sueños, espía nocturno, guardián de las puertas, que muy pronto habría de hacer alarde de gloriosas hazañas ante los inmortales dioses.»

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El COMBATE DE LOS MUSLOS. Homosexualidad en los mitos II

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El héroe Teseo, el mismo que se olvidó de Ariadna en una isla, el héroe ateniense por antonomasia, se dedicaba en cada expedición a raptar doncellas, emulando de esta manera el acto favorito de los dioses. Así fue la vida de Teseo hasta que conoció a Pirítoo. Y fueron fieles. Ambos se admiraban. Sólo con él, Teseo fue feliz. Sólo la muerte pudo separarlos… nunca una mujer.

TESEO Y PIRITOO

Se cuenta que Pirítoo había escuchado hablar de las proezas de Teseo y quiso ponerlo a prueba. Para ello se dedicó a robar los rebaños que poseía Teseo pastando en la llanura de Maratón.

Los dos se encontraron y quedaron mutuamente seducidos por su belleza. Espontáneamente, cuando ya parecía que iban a trabarse en una lucha a muerte por la ofensa del robo, Pirítoo ofreció a Teseo un resarcimiento por los animales que le había robado y se declaró su esclavo. Máxima compensación si tenemos en cuenta el significado de la pasividad que para ellos había en esta condición. Teseo, entonces, dijo que olvidaría la ofensa pasada. Su amistad fue sellada por un juramento, y se dedicaron desde entonces a realizar juntos todas sus hazañas. Habían jurado darse mutuamente como esposa a una hija de Zeus. Entonces Pirítoo acompañó a Teseo a secuestrar a Helena, núbil aún, y Teseo hizo lo propio con Pirítoo, yendo al Hades a raptar a Perséfone.

Así secuestraron a la joven Helena en Esparta y la trajeron a Atenas.

Luego penetraron en el Hades. El soberano fingió recibirlos favorablemente y los invitó a sentarse a su mesa para compartir un banquete. Pero fueron inmovilizados en sus asientos, no pudiendo levantarse, y quedaron prisioneros.

En tanto, en Atenas, Castor y Pólux liberaron a Helena, su hermana, y la devolvieron a su casa.

Allí estuvieron ambos amigos, sentados en el Hades, hasta que un día llegó Heracles que consiguió liberar a Teseo, pero cuando quiso rescatar a Pirítoo la tierra tembló y Heracles comprendió que los dioses se negaban a soltar al culpable. Así Pirítoo se quedó sentado eternamente en la Silla del Olvido.

Es muy importante comprender que no se debe pensar – nipor un momento- que el mayor entretenimiento de los antiguos griegos era andar por el ágora persiguiendo a todos los jóvenes que les resultaran deseables. No. El tema es mucho más profundo

Para Platón toda la metafísica del Amor se concentra en el gesto con que el amado da la gracia al amante. Ese gesto era para los griegos algo hermoso. El amante era un guerrero de la palabra y, así como el asedio a una fortaleza se realiza por medio de múltiples estratagemas, el amante rodea al amado de discursos. El joven iba a la palestra acompañado de un pedagogo para que no hable con nadie, los amigos lo vigilaban por si comenzaba a ceder. Al fin llegaba el momento deseado de entregarse mutuamente las gracias. El amante entregará en el cuerpo del amados la inteligencia y cualquier otra virtud,mientras que el amado lo hará porque desea educación y sabiduría de todo tipo. Ese es el punto de las leyes que regían la vida de amante y amado. Este amor ligaba a un hombre y a un joven amado; en principio, por la belleza, pero para los griegos belleza y virtud iban unidas.

La relación no era en ningún momento puramente sexual, los amantes eran, además y en un sentido muy importante, compañeros de experiencia. Con el amante y por él, el joven conseguía disfrutar de modo justo y en la justa medida de los placeres, la vida, el amor.

Esto lo hacia muy superior al amor por las mujeres, con quienes no podían compartir su vida social.

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Fedro o de La Belleza

Por Patricio de Azcárate

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Según una tradición, que no tenemos necesidad de discutir, el Fedro es obra de la juventud de Platón. En este diálogo hay, en efecto, todo el vigor impetuoso de un pensamiento que necesita salir fuera, y un aire de juventud que nos revela la primera expansión del genio. Platón viste con colores mágicos todas las ideas que afectan a su juvenil inteligencia, todas las teorías de sus maestros, todas las concepciones del cerebro prodigioso que producirá un día la República y Las Leyes. Tradiciones orientales, ironía socrática, intuición pitagórica, especulaciones de Anaxágoras, protestas enérgicas contra la enseñanza de los sofistas y de los rectores, que negaban la verdad inmortal y despojaban al hombre de la ciencia de lo absoluto; todo esto se mezcla sin confusión en esta obra, donde el razonamiento y la fantasía aparecen reconciliados, y donde encontramos en germen todos los principios de la filosofía platónica. Esta embriaguez del joven sabio, este arrobamiento que da a conocer la verdad entrevista por primera vez, el autor del Fedro la llama justamente un delirio enviado por los dioses; pero estos dioses que invoca no son las divinidades de Atenas, buenas a lo más para inspirar al artista o al poeta; es Pan, la vieja divinidad pelásgica; son las ninfas de los arroyos y de las montañas; es el espíritu mismo de la naturaleza, revelando al alma atenta y recogida los secretos del universo.

¿Cuál es el objeto del diálogo? Nos parece imposible reducir a la unidad una obra tan compleja. Lo propio del genio de Platón es abordar a la vez las cuestiones más diversas, y a la vez resolverlas; como lo propio del genio de Aristóteles es distinguir todas las partes de la ciencia humana, que Platón había confundido. Un tratado de Aristóteles presenta un orden riguroso, porque el objeto, por vasto que sea, es siempre único. Un diálogo de Platón abraza, en su multiplicidad, la psicología y la ontología, la ciencia de lo bello y la ciencia del bien.

En el Fedro pueden distinguirse dos partes: en la primera, Sócrates inicia a su joven amigo en los misterios de la eterna belleza; le invita a contemplar con él aquellas ciencias, cuya vista llena nuestras almas de una celestial beatitud, cuando, aladas y puras de toda mancha terrestre, se lanzan castamente al cielo en pos de Júpiter y de los demás dioses; le enseña a despreciar esos placeres groseros que le harían andar errante durante mil años por tierras de proscripción; le enseña igualmente a alimentar su inteligencia con lo verdadero, lo bello y lo bueno, para merecer un día tomar sus alas y volar de nuevo a la patria de las almas; le dice, en fin, que si el amor de los sentidos nos rebaja al nivel de las bestias, la pura unión de las inteligencias, el amor verdaderamente filosófico, por la contemplación de las bellezas imperfectas de este mundo, despierta en nosotros el recuerdo de la esencia misma de la belleza, que irradiaba en otro tiempo a nuestros ojos en los espacios infinitos, y que, purificándonos, abrevia el tiempo que debemos pasar en los lugares de prueba.

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En la segunda parte intenta sentar los verdaderos principios del arte de la palabra, que los Tisias y los Gorgias habían convertido en arte de embuste y en instrumento de codicia y de dominación. A la retórica siciliana, que enseña a sus discípulos a corromperse, a engañar a la multitud, a dar a la injusticia las apariencias del derecho, y a preferir lo probable a lo verdadero, Platón opone la dialéctica, que, por medio de la definición y la división, penetra desde luego en la naturaleza de las cosas, proponiéndose mirar como objeto de sus esfuerzos, no la opinión con que se contenta el vulgo, sino la ciencia absoluta, en la que descansa el alma del filósofo.

Sin embargo, existe un lazo entre estas dos partes del diálogo. El discurso de Lisias contra el amor y los dos discursos de Sócrates son como la materia del examen reflexivo sobre la falsa y la verdadera retórica, que llena toda la secunda parte.

Nada hay que decir sobre el arte con que Platón hace hablar a sus personajes, sin que en el conjunto de su obra se desmienta jamás, ni una sola vez, su carácter. Los tipos de los diálogos son tan vivos como los de las tragedias de Sófocles y Eurípides. Nada hay más verdadero que el carácter de Fedro: de este joven, tan apasionado por los discursos, tan amante de todos los bellos conocimientos, tan pronto a ofenderse de las burlas de Sócrates contra su amigo Lisias, y, sin embargo, tan respetuoso para con la sabiduría de su venerado maestro. Nada más encantador que la curiosidad inocente con que pregunta a Sócrates si cree en el robo de la ninfa Oritia; o la franqueza generosa que le hace reconocer la vanidad de su curiosidad y confesar su ignorancia, sus preocupaciones y sus errores.

Esta conversación, en que Sócrates pasa alternativamente de las sutilezas de la dialéctica a los trasportes de la oda, se prolonga durante todo un día de verano; los dos amigos reposan muellemente acostados en la espesura de la hierba, a la sombra de un plátano, y sumergidos sus pies en las aguas del Illiso; el cielo puro del Ática irradia sobre sus cabezas; las cigarras, amantes de las musas, los entretienen con sus cantos; y las ninfas, hijas de Aquelóo, prestan su atención, embelesadas con las palabras de aquél que posee a la vez el amor de la ciencia y la ciencia del amor.

(*) En Obras filosóficas de Platón. Volumen 2. Colección Biblioteca Filosófica. Traducción y notas de Patricio de Azcárate. Medina y Navarro Editores (Madrid, 1871).

Imágenes: ML Fischer.

Personajes Mitológicos: Edipo Rey / Antígona

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Edipo Rey es la historia de un hombre perseguido y señalado por la fatalidad: un oráculo ha advertido a Edipo que dará muerte a su padre y se casará con su madre. Es por eso que esforzándose por huir de ese destino abandona la ciudad donde creció. Pero años más tarde, cuando ha superado muchos incidencias, obteniendo el trono de Tebas (al salvarla del poder de la Esfinge que la tenía sometida) y la felicidad y el afecto de su pueblo, descubre dolorosamente que no ha hecho más que cumplir las predicciones del oráculo. El texto dramático se refiere, precisamente, al descubrimiento de esa temible verdad por parte de Edipo y al intenso desgarramiento que lo lleva entonces a arrancarse los ojos.

Cuando comienza el drama, todo, realmente, se ha cumplido ya. (La muerte de Layo a manos de Edipo y su matrimonio con Yocasta, la propia madre). Cada escena se convierte así en un paso más que lo va acercando al desastre de comprobar la verdad de las predicciones. Aun los esfuerzos encaminados a tranquilizarlo no hacen más que aumentar su angustia. Sin embargo este hombre, modelo aparente de honestidad, prosigue las investi­gaciones, afrontando el temor, hasta que al fin da con la verdad. Es, entonces, cuando horrorizado se ciega a sí mismo.

Rey de Tebas. Hijo verdadero de Layo y Yocasta, reyes de Tebas. Hijo adoptivo de Pólibo y Mérope, reyes de Corinto. Sobre él recae toda la tragedia, pues sin conocer su verdadero parentesco asesina al padre y se casa con la madre.)

Figura central de la tragedia, personifica en sí los rasgos fundamentales de la naturaleza humana, capaz tanto de las acciones más nobles como de las más oscuras y censurables.

Como héroe trágico, Edipo es un ser trascendental que busca ir más allá de la apariencia de los hechos, queriendo encontrar las últimas causas y dispuesto a afrontar todas las consecuencias derivadas de sus actos.

De naturaleza violenta y rapidez para la acción, Edipo en su carácter es ambiguo, como todos los hombres. Puede pasar fácilmente de la benevolencia al odio y es capaz, aun en medio del desgarramiento, de acceder a la ternura. Es, igualmente, el rey que se cree poderoso y sabio, seguro de su autoridad que emplea, inclusive, para someter a otros en determinados momentos (en su actitud ante Tiresias o ante el pastor que le recibió siendo niño, cuando se niegan a hablar), así como el rey justo, preocupado por el bienestar de su pueblo antes que por el suyo propio.

En el aspecto cultural, Edipo es un hombre interesado por la verdad, que apela a las leyes de la razón y le da al conocimiento gran importancia como instrumento del poder.

Como personaje literario, Edipo simboliza por excelencia al hombre, tal como es realmente: contradictorio, desconocido a veces para sí mismo; que se cree íntegro pero que termina horrorizándose cuando conoce el fondo de sus deseos y sueños.

Edipo es, finalmente, el hombre que con su sufrimiento paga el duro precio de pretender ser libre en un mundo que, desde antes de su nacimiento, le ha predeterminado.

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Hija de Edipo y de Yocasta, hermana de Eteócles, Polínice e Ismene. Es una de las figuras más relevantes del teatro griego. Corresponde a los mitos del ciclo tebano. Después de la muerte en exilio de su padre ciego, a quien no ha abandonado un solo instante, Antígona regresa a Tebas, donde trata de evitar la guerra entre sus dos hermanos Polínice y Eteócles. El primero, además primogénitos, a decidido reivindicar su derecho al trono de Tebas, contra quien lanza su ejército de argivos. A cada uno de los siete príncipes que mandaban los soldados, había encomendado Polínice el asalto de una de las puertas de la ciudad. La que le correspondió a sí mismo estaba guardada por su propio hermano Eteócles, y en la lucha entre ambos se ensartaron con sus lanzas dándose simultánea muerte, siendo ésta la causa de que los argivos, perdido su caudillo, se dispersasen, huyendo durante la noche. En Tebas, muerto Eteócles, se alza en el trono Creonte, tío de los dos hermanos fallecidos quien, como héroe defensor de la ciudad, se le tributen exequias reales, y a Polínice, en castigo por su insurrección, se le deje insepulto, para que sea pasto de perros y de aves de rapiña, lo que, para los griegos, suponía un terrible sacrilegio, ya que al negar sepultura suponía la imposibilidad de descanso eterno en el Hades. Ni al peor de los enemigos se le negaba esta gracia. Antígona se rebela contra la orden de Creonte y resuelve no acatarla. Cuando llega la noche se dirige al sitio donde se halla el cuerpo sin vida de su hermano y echa puñados de tierra sobre el abandonado cadáver y vierte en su honor unas libaciones. Descubierta por unos soldados, Antígona es llevada a presencia de Creonte, quien dispone que se cumpla la ley, lo que significa que Antígona es condenada a ser enterrada viva en una cueva. Antígona para sustraerse al lento suplicio, se ahorca con su ceñidor. Hemón, hijo de Creonte, que amaba a Antígona, se dio muerte al saber de la terrible sentencia y posterior actuación de su amada.

Dioses Olímpicos: Apolo y Artemisa (Gemelos)

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Apolo (Febo)
Dios de la Música y la Poesía…

Apolo o Apolón es un dios en la mitología griega y romana, hijo de Zeus y Leto, y hermano gemelo de Artemisa (diosa de la caza).

Se consideraba que Apolo tenía dominio sobre las plagas, la luz, la curación, los colonos, la medicina, el tiro con arco, la poesía, las profecías, la danza, la razón, el intelectualismo, y era patrón defensor de rebaños y manadas. Apolo tenía un famoso oráculo en Creta y otros también notables en Clarus y Branchidae. Como dios de la curación religiosa, Apolo purificaba a aquellas personas culpables de asesinato u otros pecados graves.

Apolo era conocido como el jefe de las Musas (Musageta) y director de sus coro. Entre sus atributos se contaban: cisnes, lobos, delfines, arcos y flechas, una corona de laurel, la cítara (o lira) y el plectro. El trípode sacrificial es otro de sus atributos, representativo de sus poderes proféticos. Los Juegos Píticos se celebraban en su honor cada cuatro años en Delfos. Los himnos cantados a Apolo recibían el nombre de paeanos.

El culto a Apolo fue introducido en Roma, seguramente en época de los Reyes, a través de los griegos de Cumas. Tenía su templo en el Campo de Marte. La mitología romana le hace hijo de Júpiter y Latona, y hermano gemelo de Diana.

Apelativos
Entre los epítetos que se aplicaban a Apolo están:

Febo (“brillante”) y Liceo (“luminoso”), para Apolo en el contexto de dios del sol o de la luz.
Esminteo (“cazador de ratones”) y Parnopio (“saltamontes”), como dios de las plagas y defensor contra ratas y langostas.
Delfinio (“delfín”), por su asociación con los delfines y también como fuente del topónimo Delfos.
Cirreo, por Cirria, localidad cercana de Delfos.
Arcageta (“director de la fundación”) para las colonias.
Musageta (“jefe de las musas”).
Pitio (“Pítico”) de Delfos.
Timbreo por el templo que tenía en Timbra.
Apotropeo (“el que aparta el mal”).
Ninfageta (“jefe de las ninfas”).
Licio (“matador de lobos”) y Nomios (“vagabundo”), como el dios pastoral de la ganadería.
Clario por el santuario de que tenía en Claros, Jonia. Otras fuentes afirman que este epíteto procede del dórico klaros, “asignación de tierra”, por su supervisión sobre las ciudades y las colonias.
Cintio era otro epíteto, proveniente de su nacimiento en el monte Cinto de Delos.
Loxias (“oblícuo”), específicamente para Apolo como dios de la profecía, por los oráculos tan ambiguos.

Nacimiento
Cuando Hera descubrió que Leto estaba embarazada y que su marido, Zeus, era el padre, prohibió que Leto diera a luz en terra firma, o el continente, o cualquier isla del mar. Leto encontró la isla flotante de Delos, que no era el continente ni una isla real, y dio a luz allí. La isla estaba rodeada de cisnes. Como gesto de gratitud, Delos estaba sujeta con cuatro pilares. Más tarde la isla fue santificada a Apolo. Alternativamente, Hera secuestró a Ilitía, la diosa de los partos, para evitar que Leto diese a luz. Los demás dioses obligaron a Hera a dejarla ir. De cualquier forma, primero nació Artemisa y ésta ayudó a nacer a Apolo. Otra versión afirma que Artemisa nació un día antes que Apolo, en la isla de Ortigia, y que ayudó a Leto a cruzar el mar hasta Delos el día siguiente para dar a luz a Apolo.

Juventud
Siendo joven, Apolo mató al fiero dragón Pitón, que vivía en Delfos junto a la fuente de Castalia, pues (según algunas versiones) Pitón había intentado violar a Leto cuando ésta estaba embarazada de Apolo y Artemisa. Esta fuente era la que emitía los vapores causantes de que el Oráculo de Delfos hiciese sus profecías. Apolo mató a Pitón pero fue castigado por ello, ya que Pitón era un hijo de Gaia.

Apolo y Admeto
Como castigo, Apolo fue desterrado nueve años del Olimpo. Durante este tiempo trabajó como pastor o vaquero para el rey Admeto de Feras en Tesalia. Puesto que Admeto era bueno con Apolo, el dios le prometió que cuando le llegase la hora de morir, permitiría que otro tomase su lugar. Entonces Admeto se enamoró de Alcestis. Sin embargo el padre de ésta, el rey Pelías, sólo le daría su permiso para casarse si Admeto montaba un carro tirado por leones, jabalíes y otros animales salvajes. Apolo ayudó Admeto a superar esta prueba, y la pareja se casó. Cuando a Admeto le llegó la hora de morir, Alcestis decidió morir en su lugar. Heracles intervino y se permitió que ambos siguieran viviendo.

Cuando pasaron los nueve años, Apolo volvió disfrazado de delfín y llevó consigo a sacerdotes cretenses para ayudar a fundar su culto en Delfos. También bendijo a las sacerdotisas del oráculo de Delfos, haciendo de éste uno de los más famosos y certeros de Grecia. Apolo tenía otros oráculos, incluyendo los de Clarus y Branchidae.

Apolo disparó flechas infectadas con la peste en el campamento griego durante la Guerra de Troya.

Vida amorosa e hijos de Apolo

Dafne
Apolo persiguió a la ninfa Dafne, hija de Ladon. Su encaprichamiento estaba provocado por una flecha dorada que le había disparado Eros, quien estaba celoso porque Apolo había bromeado sobre sus habilidades como arquero. Eros también afirmaba que el canto de Apolo le molestaba. Dafne huía de Apolo porque Eros le había disparado a su vez una flecha con punta de plomo, y rezó al dios río Peneo pidiendo ayuda, y fue transformada en un árbol de laurel, que se consagró a Apolo.

Leucotoe
Apolo tuvo una aventura con una princesa mortal llamada Leucotoe, hija de Orcamo y hermana de Clitia. Leucotoe amó a Apolo, quien se había disfrazado como la madre de Leucotoe para lograr acceder a sus aposentos. Clitia, celosa de su hermana porque quería a Apolo para sí, contó a Orcamo la verdad, traicionando las confidencias y la confianza de su hermana. Enfurecido, Orcamo ordenó que Leucotoe fuese enterrada viva. Apolo se negó a perdonar a Clitia por traicionar a su amada, y una afligida Clitia se marchitó y lentamente murió. Apolo la transformó en una planta de incienso, o bien en un heliotropo o girasol, que sigue al sol cada día.

Marpesa
Marpesa fue secuestrada por Idas pero también fue amada por Apolo. Zeus la hizo escoger entre ambos.

Castalia
Castalia era una ninfa a quien Apolo amaba. Castalia huyó de él y se zambullió en la fuente que había en Delfos al pie de monte Parnaso, que desde entonces se llama fuente de Castalia. El agua de esta fuente era sagrada: se usaba para limpiar los templos de Delfos y también inspiraba a los poetas.

Cirene/Aristeo
Apolo tuvo con Cirene un hijo llamado Aristeo, que se convirtió en el dios patrón del ganado, los árboles frutales, la caza, la agricultura y la apicultura. También fue un héroe de la cultura que enseñó a la humanidad las técnicas de la ganadería lechera y el uso de redes y trampas en la caza, así como el cultivo de los olivos.

Hécuba
Con Hécuba, la esposa del rey Príamo de Troya, Apolo tuvo un hijo llamado Troilo. Un oráculo profetizó que Troya no sería derrotada siempre que Troilo llegase a cumplir los veinte años de vida. Troilo y su hermana Polixena cayeron en una emboscada y fueron asesinados por Aquiles.

Casandra
Apolo también se enamoró de Casandra, hija de Hécuba y Príamo, y hermanastra de Troilo. Apolo prometió a Casandra el don de la profecía para lograr seducirla, pero ella le rechazó después. Enfurecido, Apolo le concedió el don de conocer el futuro pero también la maldición de que nadie la creyera jamás.

Coronis
Coronis, hija de Flegias, rey de los Lapitas, fue otra de las amantes de Apolo. Embarazada de Asclepio, Coronis se enamoró de Isquis, hijo de Élato. Un cuervo informó a Apolo de esta aventura, y éste decidió enviar a su hermana Artemisa a matar a Coronis. Apolo rescató sin embargo al bebé y se lo dio al centauro Quirón para que lo criase. Flegias se enfureció e incendió el templo de Apolo en Delfos, por lo que Apolo le mató.

Apolo y el nacimiento de Hermes
Hermes nació en el monte Cileno en Arcadia. Esta historia se cuenta en el Himno a Hermes, atribuido dudosamente a Homero. Su madre, Maia, había quedado secretamente embarazada de una aventura amorosa con Zeus. Maia envolvió al infante en mantas pero Hermes escapó cuando ella dormía. Hermes corrió a Tesalia, donde Apolo estaba pastoreando su ganado. El infante Hermes robó varias de sus vacas y las llevó a una cueva en los bosques cercanos a Pilos, borrando sus huellas. En la cueva encontró una tortuga y la mató, vaciando entonces sus entrañas. Usó los intestinos de una de las vacas y el caparazón de la tortuga para hacer la primera lira. Apolo se quejó a Maia de que su hijo había robado su ganado, pero Hermes ya había vuelto a las mantas en las que ella le había dejado, por lo que Maia rehusó creer las afirmaciones de Apolo. Zeus intervino y dijo haber visto los hechos, y secundó a Apolo. Entonces Hermes empezó a tocar música en la lira que había inventado. Apolo, un dios de la música, se enamoró del instrumento y ofreció permitir el intercambio del ganado por la lira. Así, Apolo se convirtió en un maestro de la lira y Hermes inventó un tipo de instrumento musical con flautas llamado siringa.

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ARTEMISA
Diosa de la caza, señora de las fieras, protectora de los animales salvajes.

Virgen y eternamente joven, Ártemis es una diosa muy femenina, atractiva de por sí. Se la representa normalmente cazando, rodeada de animales salvajes y animales de caza. También suele representarse a veces con una antorcha lunar, según la asimilación de la diosa como personificación de la Luna.

Culto:
Ártemis era honrada en todas las regiones montañosas y agrestes de Grecia. Su más célebre santuario era el de Éfeso, donde la diosa había asimilado una antiquísima divinidad asiática de la fencundiad. No obstante, fue asimilada por los antiguos como personificación de la Luna que anda errante por las montañas, del mismo modo que Apolo como personificación del Sol. Por otro lado, en el panteón helénico, la diosa ocupó el lugar de la “Señora de las Fieras”, reveladda por los monumentos religiosos cretenses. También hacíase de Ártemis la protectora de las Amazonas, guerreras y cazadoras como ella, e independientes del yugo del hombre.
Leyenda:

Ciertas tradiciones atribuyen a la diosa como hija de Deméter, pero normalmente es considerada como hermana gemela de Apolo e hija de Leto y Zeus. Nació en Delos, antes que Apolo, y tan pronto como nació ayudó a venir al mundo a su hermano.

Permaneció virgen (Ártemis “cástitas”, frente a Afrodita “voluptas”), eternamente joven, y es el prototipo de la doncella arisca, que se complacía sólo en la caza. Va armada, como su hermano, de un arco, del que se sirve contra los ciervos y también contra los humanos. Ella es quien envía a las mujeres que mueren de parto el mal que se las lleva. Sus flechas conllevan la muerte repentina, sobre todo las indoloras. Vengativa, fueron muchas las víctimas que sufrieron su cólera. Uno de sus primeros actos fue dar muerte, junto con su hermano, a los hijos de Níobe.

Ártemis tomó parte en el combate contra los Gigantes. Derribó, con ayuda de Heracles, el gigante Gratión. También causó la pérdida de otros dos monstruos, los Alóadas y el Búfago, devorador de bueyes, en Arcadia. En todo caso, entre las víctimas de Ártemis cabe destacar Orión, el cazador gigante. El motivo que le impulsó a matarlo difiere según las tradiciones: o bien Orión incurrió en la ira de la diosa por haberla desafiado a lanzar el disco, o por haber tratado de raptar a una de sus compañeras, Opis, que había mandado venir del país de los Hiperbóreos, o bien Orión había tratado de violar a la propia Ártemis, por lo cual ella le envió un escorpión que con su picadura lo mató. Destaca también la muerte de otro cazador, la de Acteón, hijo de Aristeo, también la de Meleagro. Por haberse olvidado Eneo de sacrificar a Ártemis cuando ofrendaba a todos los dioses las primicias de sus cosechas, la diosa envió contra su país un jabalí enorme. También destaca la muerte de Calisto, fruto de un flechazo a petición de Hera, para castigarla por haberse dejado seducir por Zeus. En definitiva, todas estas leyendas son relatos de cacería que presentan a la diosa salvaje, de bosques y montañas, cuyos compañeros habituales son fieras.

Por otro lado, uno de los trabajos de Heracles narra cómo el héroe había recibido de Euristeo la orden de traerle el ciervo de cuernos de oro consagrado a Ártemis. Heracles, que no quería herir ni matar al sagrado animal, lo persiguió durante todo un año, pero luego, cansado, lo mató. Inmediatamente aparecieron Ártemis y Apolo para pedirle cuentas, y el héroe logró apaciguarles cargando a Euristeo la responsabilidad de aquella persecución.

La cólera de la diosa también la recibió la familia de Ifigenia. Ya venía de lejos, pero fue renovada por unas palabras imprudentes de Agamenón, quien, habiendo cazado un ciervo, exclamó: “¡Ni la propia Ártemis podría haberlo matado así!”. La diosa envió entonces una bonanza que inmovilizó toda la flota, y Tiresias, el adivino, reveló la causa del contratiempo y el único remedio, inmolar Ifigenia a Ártemis, la hija doncella del rey. Pero Ártemis no aceptó el sacrificio.

Michael Cacoyannis: “Trilogía” de La Tragedia Griega

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La Hermenéutica del Sujeto (Ilustrada)

48c3daa300b4e Photo: David Vance.

Por: Ramiro Díaz García

La esencia de la misma es “Conócete a ti mismo” (GNOTHI SEAUTON) y la enseñaza se produce de un Maestro que enseña a sus discípulos los contenidos que lo guiarán hacia el cuidado de sí mismo.
En la noción griega de “cuidado de sí” (EPIMELEIA HEAUTOU) se reconstruye, constituye, una práctica de cómo el sujeto recibe el Saber-Poder que tiene una vinculación con el gobierno de la cosa pública.
El conocerse a sí mismo era una premisa, una cuestión preliminar para poder gobernar a los demás. Poder-Saber que transmuta, se convierte, en esencia para gobernar a los demás. Este “cuidado de sí” era un paso anterior para el gobierno del todo, o para formar parte del gobierno de todos y tenía 7 figuras:

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1) Cuidar de sí

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2) Retirarse de sí mismo (Anakoresis)
Modelo: Tiago Vieira

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3) Ser amigo de sí mismo
(Modelo: Tiago Vieira)

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4) Permanecer en compañía de sí mismo
(Modelo: Tiago Vieira)

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5) Retrotraerse en sí mismo

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6) Ocuparse de sí mismo
(Modelo: Alan Valdez)

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7) Estar en sí mismo como en una fortaleza (Modelo: Frank Giardina)

Sócrates reunifica todas estas figuras en el concepto de Alma. Ella es tomada y transfigurada en una entidad supra terrenal y Divina, que supera a lo material claramente. Es importante primero estar en mente sana para estar en un cuerpo sano.
Por ello, allí, hay un gran cambio de eje y de percepción del Poder y el conocimiento que se unen con el ideal Divino que vendría a legitimar todo lo que se hacía en esa sistemática. Ya no es “alma del hombre” sino “alma en el hombre” y ello daba la prueba de la presencia de los dioses (porque eran politeístas) en el cuerpo. Es la huella de la existencia de lo Divino.
El Alma es la expresión de lo Divino en el cuerpo, una exterioridad trascendente que se ubica en la “interioridad-de-sí-mismo”.
Para sintetizar se puede decir que para los griegos el alma es una exterioridad que la interioridad tiene origen que funda todo el Poder, que paralelamente, es Divino, o tiene origen en ello.

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El cuidado de sí, esa transmisión del Saber-Poder que se efectuaba para que el sujeto tenga un porque de existencia, una respuesta para un accionar que requería –también- de un orden y de un progreso requería de una Tekné que se le conocía como Tekhne tou biou (arte de la vida). La perfección alcanzada en ella permitirá ocuparse eficazmente de los “Otros” y ejercer sobre ellos el Gobierno.
La relación entre ese Saber transmitido y el Poder es directa. Fíjense: primero lo Divino legitima. Luego el Saber transmitido a través de la relación directa con el maestro es Microfísica de Poder para instruir en la Ideología. Luego la llegada al Poder Político. La pregunta que yo me imagino que habría en el Imaginario social de esa época es: ¿Cómo es posible ejercer el Gobierno sobre los “Otros” cuando el sujeto que los tiene que gobernar no sabe hacerlo sobre si mismo?
Y marcaré la relación que ya era descubierta en el pensar filosófico griego ya sea en Platón o en el mismo Aristóteles:

CUIDADO DE SI—AUTOGOBIERNO–GOBIERNO DE LA POLIS—PODER

En “El Banquete” de Platón, Alcibiades, rico y poderoso, se hallaba destinado a gobernar la Polis pero incurrió en el no gobierno de sí mismo y por ello se convirtió en “no apto” para gobernar sobre “Otros”. Su deficiente EPIMELEA HEAUTOU lo hará incurrir en AKHRESIS.

El Poder rechaza lo que no es bueno para él basado en una Ideología. Todo lo que no lo conserve o lo retroalimente no otorga amparo y es denegado. Pero otorga privilegios y aceptación para quien le otorgue regalías.

47e57b1fa1861 Modelo: Freddy Navas

En la Antigüedad la noción de sí mismo tenía un tinte de libertad mucho más amplio que sostener una Ley Divina y ser sumiso a ella. En estas etapas hay un gran repliegue sobre sí mismo que es mucho mejor y más imaginativo que una cuestión estructural de donde no se puede salir, de un lugar donde uno se somete a una Ley sagrada. Esa es la gran diferencia que debe tenerse en cuenta.

Daremos 5 nociones para sostener las dos primeras etapas que nos sirven para marcar la diferencia con respecto a la sumisión a la Ley Divina y que se deben llevar a cabo como cimiento para fundar una nueva etapa en donde la subjetivación sea colectiva y hacia el “Otro”:

1) Actos de conocimiento: prestar atención a sí mismo, volver la mirada hacia sí mismo, examinarse a sí mismo

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Photo by Anthony Gayton


2) Prácticas de la existencia: replegarse sobre sí mismo, retrotraerse, refugiarse, concentrarse en sí mismo

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3) Conductas y actividades respecto de sí mismo: sanarse, curarse, reivindicarse

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4) Relación permanente consigo mismo: adueñarse, apropiarse de sí mismo, sentirse feliz consigo mismo, autosatisfacerse, ejercer soberanía sobre sí mismo

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Modelo: Tiago Vieira.


5) Los excesos producidos por la pasión, el deseo desenfrenado, la irresolución y el abandono dañan el sí mismo y eran conocidos como STULTITIA.

Medidas para la libertad interior
1) Elección de la religión cuando el individuo sea responsable de sus actos, por ende, no imposición de una religión por la familia.

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Modelo: Sybila
2) Estudio de la Historia con su coyuntura y análisis de autores que están desaparecidos en la educación primaria y secundaria (todos sabemos quienes están “borrados” literalmente). Pensar los autores que te hacen pensar, no eliminarlos.

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Modelo: Levi Poulter.
3) Cuidado del Cuerpo a través de la Dietética y Gimnástica y del alma a través del conocimiento de sí mismo con los parámetros griegos, que son occidentales. Incluir a Oriente es caer en falacia porque los valores de ellos son sustancialmente diferentes a los nuestros. Oriente es fundamentalista y su pacificación es individualista, encierra el ser y la aplicación de políticas envuelven al ser como un componente de una masa evitando el verdadero colectivismo y superación trascendental del ser occidental que necesita de ese “reconocimiento” por parte del Estado para su propia evolución. Aparte en Oriente lo Divino esta muy afincado, lo-inmaterial legitima todo, Occidente debe romper con ese factor y amar al Ser Humano por su condición como tal, Dios ha muerto.

David Vance - Heavenly Bodies

Foto: David Vance (Heavenly Bodies)
4) Implementación de políticas estatales en donde el Saber sea promovido como algo interesante y no meramente administrativo con secuencias de memoria o cuestiones que tengan que ver con el status quo. No tener un título solamente para valorarse en el mercado sino para valorar ese conocimiento con un fin utilitario hacia los demás con intervención en la cosa pública. La Política debe ser parte de todas las carreras. Ello implicaría cambiar el significante de la palabra “Política” que en la década de los noventa se encargaron de darle un tinte negativo para intentar evitar la participación en ella.

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Modelo: Josh Ohl
5) Preparación de dirigentes que busquen la libertad material a través de la redistribución de la riqueza hacia sectores que por falta de dinero no puedan acceder a una vida digna o incorporada a una buena educación. Se pueden hacer Institutos y hasta carreras de grado para quienes verdaderamente tengan vocación política participen activamente en ella y no deban hacer una carrera partidaria que produce obsecuencia y destrucción de ilusiones y valores que se poseen a lo hora del comienzo de la militancia. Y esto es sustancial ya que la falta de educación es sinónimo de pobreza en la mayoría de los casos. Cuando se habla de impuestos aparece en el Poder político la idea del Principio de Igualdad. Ello es claramente injusto. La igualdad debe ser ante la Ley positiva no ante lo económico. En este punto es donde se debe diferenciar y a través de tributos lograr una quita que luego produzca redistribución. Yo diría que a nivel tributario el Principio de Igualdad no existe, es sólo ante la Ley. Ante ello la propuesta es impuesto a la Riqueza, es decir, la redistribución parte de una torta única y se debe atacar tanto a la ganancia como a la riqueza en forma dispar teniendo en cuenta de que capital parte cada sujeto. De lo contrario los polos de riqueza van a ser cada vez más desparejos, se van a separar cada vez más, cada uno en puntos cada vez mas distantes en la pirámide. Una punta con mucha concentración de riqueza y una base ancha con poco ingreso. Una sociedad no puede progresar así.

Fuente: Matarte y Revivirte

Para Mayor Información Leer: Michael Foucault “La Hermenéutica del Sujeto”.

Guerreros Míticos (XIII): Belerofonte

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Orígenes y juventud
Era hijo de Poseidón y de Eurinome, hija del rey de Megara. Belerofonte fue un famoso héroe.

Cuando aún era joven fue acusado de asesinar al rey de Corinto, llamado Belero (de ahí el nombre de Belerofonte, asesino de Belero), o, según otras versiones a su propio hermano Delíades o Pirén. Como castigo fue expulsado de su tierra con total pérdida de su honor. No obstante, Belerofonte alcanzó el reino de Tirinto, en cuya corona se hallaba en aquel momento el rey Preto. Allí, Belerofonte fue purificado recobrando su capacidad de glorificación. La esposa de Preto, llamada, según versiones, Antea o Estenebea, intentó seducir al héroe, porque estaba enamorada de él pero como era rechazada, se vengó acusándole en secreto ante su marido precisamente de ese mismo delito, intentar conquistarla. El iracundo Preto, enormememente enojado, dispuso un viaje de Belerofonte hacia la corte del padres de Antea, llamado Yóbates, en Asia Menor, dando instrucciones a Belerofonte para que entregara cierta sobre a Yóbates a su llegada. El sobre, en realidad, no era más que una carta en la que Preto pedía que el joven fuera asesinado.

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Belerofonte y la Quimera
Yóbates, al tener conocimiento de tal misiva, decidió que no podía ir contra las leyes de la hospitalidad que le obligaban a tratar adecuadamente a Belerofonte, sobre todo después de haberlo agasajado durante nueve días antes de leer la carta, pero, como debía su papel de padre de la deshonrada, resolvió enviar a Belerofonte a matar a un horrible monstruo que les acosaba: la Quimera, plenamente convencido de que perecería en tal empeño.

Sin embargo, como tales actos eran sumamente injustos, pues, si recordamos, Belerofonte no había intentado seducir a nadie, los dioses se pusieron de parte del héroe. Atenea le entregó un freno de oro, gracias al cual podría domar al caballo alado Pegaso, que le ayudaría en su labor. Una versión de la leyenda dice que Belerofonte obtuvo tal regalo porque había ido a orar al templo de Afrodita, según consejo del adivino Poliido. Y así fue, como, localizado Pegaso y hallada la Quimera, tras una horrible contienda, Belerofonte venció triunfante a ese horrible monstruo. Para lograrlo, Belerofonte le asestó varias cuchilladas y después le introdujo un trozo de plomo en la boca, que, al quemarse, con el continuo fuego que el mostruo expulsaba, le provocaron la muerte.

Entonces, Yóbates le tendió diveras nuevas trampas para lograr su derrota y muerte. Así, le hizo luchar contra los sólimos, unos bandidos que molestaban continuamente la vida de la región; contra las aguerridas Amazonas; y, finalmente, contra el grupo de hombres más valientes y fuertes de los territorios del rey. Pero Belerofonte obtuvo la victoria en todas las contiendas en las que participó.
Yóbates llegó entonces a la sabia conclusión de que los dioses apoyaban a Belerofonte y quedó cautivado por su bravura, explicándole las causas de todos los males que le había encomendado. Como prueba de su aflición, Yóbates entregó al héroe la mano de su hija Filónoe o Anticlia, convirtiéndole con el tiempo en rey de Licia, la región donde transcurre toda la acción.

Allí, Belerofonte vivió feliz durante mucho tiempo, hasta que un día pecó de soberbia e intentó subir a los cielos con Pegaso a conocer a los dioses, siendo castigado por Zeus con el desbocamiento del caballo, tras usar un tábano, y su caída libre por el cielo, hasta alcanzar la muerte en la tierra, o según otras versiones, la ceguera y la parálisis corporal, en cuyo caso habría vivido totalmente alejado de los humanos. Antea, que había provocado todo el problema con su falsa acusación, se suicidó al no soportar más la culpa.

Dioses Olímpicos: Hades

El Dios de la Muerte y de Los Infiernos. En la mitología griega Hades (en griego antiguo ᾍδης Hadēs, originalmente Ἅιδης Haidēs o Ἀΐδης Aïdēs, de origen incierto,[1] aunque se suele asociar con ἀ (privativa) + ἰδεῖν (‘ver’), es decir, ‘el que no ve’ o ‘el invisible’)[2] alude tanto al antiguo inframundo griego como al dios de los muertos. La palabra hacía referencia originalmente sólo al dios; ἐν o εἰς ᾍιδού (‘en [el lugar de] Hades’) era una abreviatura para su morada y finalmente el nominativo llegó también a designar la morada de los muertos.

En la mitología griega, Hades (el ‘invisible’), el dios del inframundo, era un hijo de los Titanes Crono y Rea. Tenía tres hermanas mayores, Hestia, Deméter y Hera, así como dos hermanos menores, Poseidón y Zeus. Juntos constituían la mitad de los dioses olímpicos.



Tras hacerse adulto, Zeus logró obligar a su padre a que regurgitase a sus hermanos. Tras ser liberados, los seis jóvenes dioses, junto con los aliados que fueron capaces de lograr, desafiaron el poder de sus padres y tíos en la Titanomaquia, una guerra divina. Zeus, Poseidón y Hades recibieron armas de los tres Cíclopes como ayuda para la guerra: Zeus una lanza de truenos, Poseidón un tridente y Hades un casco que proporcionaba invisibilidad al que lo llevase.

En la noche anterior a la primera batalla Hades se puso su casco y, siendo invisible, se infiltró en el campamento de los Titanes y destruyó sus armas. La guerra duró diez años y terminó con la victoria de los jóvenes. Tras esta victoria Hades y sus dos hermanos menores, Poseidón y Zeus, echaron a suertes los reinos a gobernar. Zeus se quedó con el cielo, Poseidón con los mares y Hades recibió el inframundo, el reino invisible al que los muertos van tras dejar el mundo, así como todas las cosas bajo tierra.

En la imagen: Hades atraviesa el río Estigia camino al Tártaro.




Abajo, en el Inframundo:

Había varias secciones en el Hades, incluyendo los Campos Elíseos (en contraste con el Paraíso o Cielo cristiano) y el Tártaro (similar al Infierno cristiano). Los mitógrafos griegos no son totalmente consistentes sobre la geografía de la otra vida.

Un mito sobre la otra vida completamente opuesto se refiere al Jardín de las Hespérides, con frecuencia identificado con las Islas de la Bendición.

En la mitología romana, una entrada al Inframundo estaba localizada en el Averno, un cráter cercano a Cumas que fue la ruta usada por Eneas para descender a él. Por sinécdoque, «Averno» puede usarse como referencia a todo el inframundo. Los Inferi Dii eran los dioses romanos del inframundo.









Los fallecidos entraban al inframundo cruzando el río Aqueronte, porteados por Caronte, quien cobraba por el pasaje un óbolo, pequeña moneda que ponían bajo la lengua del difunto sus piadosos familiares. Los indigentes y los que no tenían amigos ni familias se reunían para siempre en la orilla cercana. El otro lado del río era vigilado por Cerbero, el perro de tres cabezas derrotado por Heracles (Hércules para los romanos). Más allá de Cerbero, las sombras de los difuntos entraban en la tierra de los muertos para ser juzgadas.Los cinco ríos del Hades eran Aqueronte (el río de la pena), Cocito (lamentos), Flegetonte (fuego), Lete (olvido) y Estigia (odio). El Erídano era también considerado un río del Hades por Virgilio (VI, 659). El Estigia formaba la frontera entre los mundos superior e inferior.

Hades, dios de los muertos, era un personaje temible para aquellos que aún vivían. Sin prisa por encontrarse con él, eran reticentes a prestar juramentos en su nombre. Para muchos, simplemente decir la palabra «Hades» ya era espantoso. De esta forma, se buscó un eufemismo que usar. Dado que los minerales preciosos venían de las profundidades de la tierra (es decir, del «inframundo» gobernado por Hades), se consideraba que tenía también el control de éstos, y se referían a él como Πλουτων Plouton (‘riqueza’ en griego), de donde procede su nombre romano: Plutón. Sófocles explicaba el hábito de referirse al Hades como «el rico» con estas palabras: «el sombrío Hades se enriquece con nuestros suspiros y lágrimas». Además, se le llamaba Clímeno (Κλυμενος, ‘célebre’), Eubuleo (Ευβουλεος, ‘buen consejero’) y Polidegmon (Ρολυδεγμων, ‘que recibe a muchos’).























Hades en Privado…
Aunque era un olímpico, pasaba la mayor parte del tiempo en su oscuro reino. Temido y odiado, Hades personificaba la inexorable finalidad de la muerte: «¿Por qué odiamos a Hades más que a cualquier dios, si no es por ser tan adamantino e inflexible?», se preguntaba retóricamente Agamenón (La Ilíada ix). No era, sin embargo, un dios malvado, pues aunque era severo, cruel y despiadado, era no obstante justo. Hades gobernaba el Inframundo y por ello era con mucha frecuencia asociado con la muerte y temido por los hombres, pero no era la Muerte: la personificación real de ésta era Tánatos.







Modelo: Francois Sagat
Ilustraciones: por Francois Sagat
Bibliografía: Wikipedia

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