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Los 10 Genios más Grandes de La Humanidad: (X) Albert Einstein

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1879-1955. Científico nacido en Alemanía, nacionalizado estadounidense. Es uno de los científicos más conocidos y trascendentes del Siglo XX.

Estas son sus frases más célebres:

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.
Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber.
Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.
La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.
Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.
Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos.
Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.
Los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de mentes mediocres.
Al principio todos los pensamientos pertenecen al amor. Después, todo el amor pertenece a los pensamientos.
Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida.

Los 10 Genios más Grandes de la Humanidad (IX): Mahatma Gandhi

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“Señor, ayúdame a decir la verdad delante de
los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el
aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la
dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la
medalla, no me dejes inculpar de traición a los
demás por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a ti mismo
y a no juzgarme como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en
la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la
experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es lo más grande del
fuerte y que la venganza es la señal del débil.
Si me quitas el éxito, déjame fuerza para
triunfar del fracaso.
Si yo faltara a la gente,
dame valor para disculparme
y si la gente faltara conmigo
dame valor para perdonar.
Señor, si yo me olvido de
ti, no te olvides de mí.”

Mahatma Gandhi.

Los 10 Genios más Grandes de la Humanidad (VIII): Charles Darwin

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Charles Robert Darwin (12 de febrero de 1809, Shrewsbury, Inglaterra – 19 de abril de 1882, Kent, Inglaterra), biólogo británico. Sentó las bases de la moderna teoría de la evolución, al plantear el concepto de evolución de las especies a través de un lento proceso de selección natural.

Nació en Shrewsbury, en Inglaterra, quinto de seis hijos de Robert Darwin, medico generico de la alta sociedad con una positiva carrera profesional y financiero, y de Susannah Wedgwood; era nieto de Erasmus Darwin y de Josiah Wedgwood.

Después de graduarse en Cambridge en 1831, Darwin se embarcó como naturalista sin paga, a los 22 años, en el barco de reconocimiento HMS Beagle, merced a la recomendación del también naturalista John Stevens Henslow que había conocido en Cambridge, para emprender una expedición científica alrededor del mundo que duraría 5 años.

Durante el viaje Darwin estudió las aguas costeras, midió profundidades e indicó las grandes corrientes oceánicas. Abandonó el barco frecuentemente para realizar largas expediciones por tierra, durante las cuales pudo reunir gran cantidad de especímenes.
Viaje del Beagle

Además, contempló con asombro la diversidad de la fauna y la flora en función de los distintos lugares. Así, pudo comprender que era la separación geográfica y las distintas condiciones de vida la causa de que las poblaciones variaran independiente unas de otras.

A su vuelta al Reino Unido publicó su obra Diario del viaje del Beagle. Poco después, Darwin se había convertido en una celebridad científica. Fue elegido secretario de la Sociedad Geológica de Londres y se ganó el respeto y amistad de la élite intelectual británica: Charles Lyell, Thomas Henry Huxley y Joseph Dalton Hooker.

La selección natural y el origen de las especies
Artículo principal: Selección natural
El origen de las especies

La lectura del libro Ensayo sobre el principio de la población, del economista británico Thomas Malthus, permitió a Darwin completar su teoría. Según Malthus, el constante aumento de la población mundial que se estaba dando provocaría el agotamiento de los recursos naturales y una lucha por la supervivencia, que acabaría con el triunfo del más fuerte.

Para Darwin, ya no había duda. Inmediatamente desarrolló su teoría: La selección natural, en biología, es un proceso por el cual los efectos ambientales (falta de recursos, cambios geológicos, llegada de nuevas especies…) conducen a un grado variable de éxito reproductivo entre los individuos de una población de organismos con características, o rasgos, diferentes y heredables.

Esta era la causa de la variación de las especies en función de los climas y los recursos de cada lugar. Darwin argumenta que todos los seres vivos tienen una ascendencia común y las diferentes variedades y especies que se observan en la naturaleza son el resultado de la acción de la selección natural en el tiempo. La explicación propuesta por Darwin del origen de las especies y del mecanismo de la selección natural a la luz de los conocimientos científicos de la época, constituye un gran paso en la coherencia del conocimiento del mundo vivo y de las ideas evolucionistas presentes con anterioridad. Integra armoniosamente los avances contemporaneos en paleontología y geología; y sienta las bases que cerrarán el debate frente a las tesis alternativas de tipo fijista/creacionista como el catastrofismo de Georges Cuvier.

Darwin dedicó los siguientes años al desarrollo de su teoría evolucionista. Hubiera podido publicar antes, pero las dudas, el miedo a la polémica y su mala salud retrasaron la publicación, a pesar del apoyo constante que recibió de Huxley, Lyell, Hooker y su esposa Emma Wedgwood, con la cual había contraído matrimonio en 1839.

En 1858 recibió una carta de su compatriota Alfred Russel Wallace, el cual había desarrollado de un modo independiente la misma teoría que Darwin. Para evitar la polémica, decidieron publicar conjuntamente un artículo en la Sociedad Linneana titulado Sobre la tendencia de las especies a crear variedades; y sobre la perpetuación de las variedades y de las especies por medio de la selección natural.

El trabajo de Darwin tuvo una influencia decisiva sobre las diferentes disciplinas científicas, y sobre el pensamiento moderno en general. Recogió su teoría en su libro El origen de las especies, publicado el 24 de noviembre de 1859 y que se agotó el primer día en que salió a la venta. En 1871 publicó El origen del hombre, donde defendía la teoría de la evolución del hombre desde un animal similar al mono, lo que provocó gran controversia religiosa.

Otras de sus obras fueron: La variación de los animales y de las plantas bajo la acción de la domesticación (1868), La descendencia humana y la selección sexual (1871), y La expresión de las emociones en el hombre y en los animales (1872). Eran exposiciones detalladas sobre temas que sólo disfrutaban de un pequeño espacio en el Origen de las especies.

Darwin fue escogido miembro de la Royal Society (1839) y de la Academia Francesa de las Ciencias (1878).

+Info: http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Darwin

Los 10 Genios más Grandes de La Humanidad (VII): Thomas Jefferson

Thomas Jefferson (13 de abril de 1743 — 4 de julio de 1826) fue el tercer presidente de los Estados Unidos de América, ocupando el cargo entre 1801 y 1809. Anteriormente también había ocupado los cargos de vicepresidente (entre 1797 y 1801) y de gobernador de Virginia (1779-1781), siendo conocido además por el hecho de ser el principal autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y por fundar de la Universidad de Virginia.

Thomas Jefferson nació en Shadwell (Virginia) el 13 de abril de 1743, en el seno de una familia acomodada. Fue el tercero de los diez hijos (dos de los cuales nacieron muertos) del matrimonio formado por Peter y Jane Jefferson, dueños de una plantación que llevaba el nombre de la ciudad. En 1752, Jefferson comenzó a asistir a clase en una escuela local. A los nueve años de edad, empezó a estudiar latín, griego clásico y francés. En 1757, cuando tenía catorce años, su padre murió, con lo que él heredó unos 5.000 acres de terreno. Algún tiempo más tarde ingresó en la Universidad. En 1772, Jefferson contrajo matrimonio con una viuda, Martha Wayles Skelton (1748-1782). Tuvieron seis hijos, pero Martha falleció el 6 de septiembre de 1782, con lo que Jefferson quedó viudo y no volvió a casarse. Se asegura que, además, tuvo al menos siete hijos con Sally Hemings, una de sus esclavas.

Fue delegado continental del congreso, gobernador, secretario del estado y Presidente. Tras este último cargo, se retiró en su estado natal, donde falleció, en julio de 1826, a la edad de 83 años.

Thomas Jefferson consideraba que todos los hombres eran igualmente libres e independientes y tenían derecho a la vida, la libertad, los medios de adquirir propiedades y la búsqueda de la felicidad y la seguridad. Esto se desprende del primer artículo de la Declaración de Derechos de Virginia redactada por George Mason en 1776.

Aclaró en su autobiografía que, las razas blancas y negras, igualmente libres, no pueden vivir en un mismo gobierno.


El Monumento Thomas Jefferson Memorial

La base de la democracia jeffersoniana consiste en:

democracia participativa
separación de poderes
separación Iglesia-Estado
mentor de la libertad de conciencia por antonomasia
el gobierno debe proteger la libertad de los individuos
libertades de expresión y de prensa
Claudio J. Katz argumentó que Thomas Jefferson formaba parte de una corriente del liberalismo que era anticapitalista (Thomas Jefferson’s Liberal Anticapitalism) llegando a proponer que los ciudadanos fueran autoempleados antes que aceptar el trabajo asalariado.[1] Según Kantz, Thomas Jefferson, aún basándose en el iusnaturalismo de John Locke para definir el concepto de propiedad sobre la tierra, redefinió algunos argumentos para acabar enfocando su visión sobre la propiedad de la tierra hacia un modelo basado en la ocupación personal o familiar, haciendo una crítica a los sistemas agrarios basados en haciendas y latifundios pertenecientes a grandes terratenientes. Además cuestionó la especulación financiera y los derechos de patentes, apostando claramente por el minifundismo. Aún así, algunas veces los especialistas han definido a su modelo económico republicanismo agrario o liberalismo agrario, en la misma línea de la tradición del republicanismo federal y del capitalismo.

Por estas razones ha sido visto con simpatía por algunos anarquistas que lo han considerado una persona próxima a algunas de las ideas libertarias,[2] y hasta un precursor del anarquismo.[3] [4] Otros, en cambio, prefieren valorar su contribución fundamental en la creación y consolidación del que hoy es el Estado más poderoso del planeta.[5

Los 10 Genios más Grandes de la Humanidad (VI): Leonardo Da Vinci

En este libro se pudo encontrar la vida y obra del hombre más polifacético del mundo, cuyo ejemplo se nos recomienda seguir, con la finalidad de utilizar nuestra inteligencia de manera integral y abrirnos a lo universal y total, y de esa manera lograr ser capaces de crecer, evolucionar y llegar a convertirnos en seres extraordinarios. Si queremos desarrollarnos como un genio, quizás, lo mejor que podemos hacer es tomar como modelo al genio más grande de todos los tiempos, esto es al menos lo que el autor nos recomienda, y Yo estoy de acuerdo.

Para lograrlo, primero debemos entender que estamos viviendo en un mundo de cambios, en donde se presenta la complejidad, la cual debemos enfrentarla con inteligencia genial, capaz de aprender, adaptarse, pensar creativa e independientemente, para ser actores de nuestras propias experiencias y no dejar que lo hagan por nosotros. Nuestra capacidad va más allá de lo que podemos imaginarnos; Leonardo da Vinci nos invita a cambiar, a profundizar más en el significado de la belleza y la calidad de vida, de despertar el alma, la espiritualidad.

Esta lectura nos enseña a identificar puntos de conflictos internos en nuestros múltiples niveles de inteligencia y creatividad. Hace aflorar nuestra creatividad y creación y seguramente vamos a ser capaces de hacer muchas cosas con más habilidad y prestando mayor atención, de cómo lo hacíamos antes de haber tenido la oportunidad de conocer como lo habría hecho Da Vinci.

La vida de este maestro se puede definir como un misterioso tapiz, tejido de paradojas y teñido de ironía. No ha existido un ser que abarcara tantas áreas como él, fue, pintor, científico, chef, arquitecto, urbanista, músico, matemático, geólogo, botánico, ingeniero, etc.

Sus logros más resaltantes fueron:

La pintura (pionero del paisaje en la pintura)

· La mona Lisa

· La última Cena

· San Juan Bautista

· Entre otras.

Ciencia

· Estudio de la anatomía humana

· Planos de:

· Helicóptero

· Máquina voladora

· Paracaídas

· Escalera de extensión

Pionero de la automatización, ahorrando trabajo y aumentando la productividad.

Se dice que más que cualquiera de sus inventos, fue la perspectiva de cómo se acerco al conocimiento, y de cómo preparó la escena al pensamiento moderno.

En este libro “Inteligencia Genial”, su autor Michael J. Gelb ha desarrollado un sistema alrededor de los siete principios claves de Leonardo Da Vinci, principios que son concretos, medibles y por demás interesantes, que nos ayudan a desarrollar nuestra inteligencia y nuestro potencial.

Inspirados en la vida y obra de Leonardo da Vinci o principios Davincianos, estos son:

· Curiosità:

Este principio viene por la pasión de Da Vinci y su lealtad hacia la búsqueda de la belleza, la verdad y la vida, es decir el arte y la ciencia, ese interés por conocer todo de todo que lo llevó a mirar la realidad desde perspectivas inusuales y extremas.

Curiosità o Curiosidad, es la búsqueda continua del aprendizaje, es explotar o desarrollar en nosotros, como Da Vinci, ese deseo de saber, aprender y crecer, de entender la esencia de las cosas.

Aun cuando nacemos con la curiosidad a flor de piel, con ese impulso de querer conocer, averiguar y preguntar sobre todo, y como prueba de ello solo basta observar a un niño, en el transcurrir del tiempo tendemos a olvidarnos de las preguntas y a aceptar las respuestas que se nos imponen. La educación escolar no desarrolla la curiosidad ni la habilidad de hacer preguntas, se premia la capacidad de producir las respuestas que la persona que tiene el control, en este caso el maestro, conoce. En el hogar ocurre algo similar, en muchas ocasiones coartamos la curiosidad de nuestros niños cuando nos irritamos ante las continuas preguntas y lejos de responderlas y aprovechar ese momento para aprender junto a ellos, los despachamos con diversas excusas.

Si queremos evaluar cuan curiosos somos en nuestra vida diaria bien podríamos comenzar por ser nuestros propios observadores y determinar cuánto tiempo le dedicamos a la contemplación y la reflexión o desde cuando no aprendemos algo nuevo, cuánto nos gusta aprender o como nos comportamos ante momentos de decisiones importantes, si buscamos primero diferentes perspectivas o por el contrario actuamos sin mayor revisión e investigación sobre la materia. El autor de este libro nos presenta un cuestionario de 13 preguntas para ayudarnos en ese proceso de auto evaluación de manera de poder tener una idea de cómo estamos empleando la curiosità en nuestra vida diaria. Asimismo nos invita a realizar una serie de ejercicios para ayudarnos a desarrollar este principio Davinciano en nosotros y mantener viva la curiosidad natural de nuestros hijos.

· Demostrazione:

Leonardo Da Vinci es recordado también por sus múltiples errores, fracasos y frustraciones, sin embargo de todos ellos aprendió y continuó. Le dio mucha importancia a la experiencia y lo que le quedaba de cada uno de sus aciertos y desaciertos y sobre ella continuaba sus investigaciones y obras.

Demostrazione, significa eso, “Poner a prueba el conocimiento a través de la experiencia, la persistencia y la disposición a aprender de los errores”, este principio es la clave para aprovechar nuestra experiencia al máximo. Para ver las cosas diferentes debemos desafiar nuestras propias opiniones; aprendemos de nuestros fracasos, y de allí comenzamos a pensar diferente, pero solo si queremos afrontarlo, cuestionando nuestras propias opiniones, presunciones y creencias.

Este también es el principio de la autenticidad. El autor nos cuenta que Da Vinci fue el defensor de la originalidad e independencia del pensamiento, en todo momento manifestó su disposición a rechazar las imitaciones, cuestionar la autoridad y a pensar por sí mismo.

Como un ejercicio pudiéramos preguntarnos cuan propias son nuestras opiniones y creencias, echar atrás y revisar si alguna vez nos han decepcionado nuestras propias decisiones o si hemos sido capaces de cambiar una creencia fuertemente arraigada. El autor nos ofrece un cuestionario de auto evaluación con 11 preguntas que nos ayudan a observarnos y determinar cuan independiente de pensamiento somos y hasta que punto somos capaces de aprender de nuestros errores, asimismo nos ofrece una serie de aplicaciones y ejercicios para desarrollar este principio en nosotros mismos, en nuestros trabajos y con nuestros hijos.

· Sensazione:

Leonardo Da Vinci pensaba que los sentidos: vista, oído, tacto, gusto y olfato eran la llave para abrir las puertas de la experiencia. Una vez escribió: “Todo nuestro conocimiento proviene de nuestras percepciones” y éstas por supuesto se obtienen a través de los sentidos a quienes se refería como los ministros del alma. La vista para da Vinci era el primer sentido, que a través de él, podía admirar la belleza de la naturaleza y expresarlo en sus pinturas, luego venía el oído para componer, tocar, cantar.

Sensazione es el refinamiento continuo de los sentidos, no se trata de gozar del privilegio de tenerlos, sino de usarlos plenamente. Da Vinci reflexionaba al respecto y decía que el hombre promedio “mira sin ver, oye sin oír, toca sin sentir, come sin saborear, se mueve sin ninguna conciencia física, inhala sin percibir olores y fragancias y habla sin pensar” y cuan vigente es hoy ese pensamiento con la vida convulsionada que llevamos.

Para probarnos cuan conscientes somos de nuestros sentidos y su uso, preguntémonos algo tan sencillo como si ¿sabemos el color de los ojos de todos nuestros amigos?. O¿ cuan buenos somos describiendo una escena en detalle?, ¿Cuan sensible somos a los ruidos? o ¿cuánto disfrutamos del silencio?, ¿Reconocemos a nuestros amigos por su olor?, ¿Nos detenemos para sentir el aroma de las flores?, ¿Cuándo comemos somos conscientes del sabor de las cosas?, ¿Sabemos oír con las manos?. El autor nos presenta para este principio 6 cuestionarios con un total de 44 preguntas de auto evaluación que nos ayudarán a tomar conciencia de cuánto realmente usamos y aprovechamos nuestros sentidos. Asimismo nos ofrece ejercicios donde nos invita a dedicar un poco más de tiempo a la meditación, admiración de la belleza, la naturaleza, lo simple, los niños, a realizar una gimnasia mental para desarrollar y agudizar nuestros sentidos, percepciones y disfrutar de las sensaciones o en otras palabras, refinar nuestra inteligencia sensorial.

· Sfumato:

La palabra Sfumato puede traducirse como “volverse humo” o “esfumarse” y es utilizada por los críticos de arte para describir esa característica nebulosa que distingue a la pintura de Leonardo Da Vinci quien según nos indica el autor, tenía una gran habilidad para aceptar la incertidumbre, la ambigüedad y la paradoja.

El secreto más poderoso para darle rienda suelta a nuestro potencial creativo es mantener nuestra mente abierta a la incertidumbre, y el principio del sfumato, es la llave para esa apertura. Es aceptar la ambigüedad, lo incierto, lo claro y lo oscuro, lo bonito y lo feo, desarrollar la capacidad de aceptar que puede suceder cualquier cosa en cualquier momento, estar mentalizado a las fluctuaciones y a lo inesperado.

En este mundo tan cambiante y de tanta incertidumbre en que vivimos, debemos convertir la habilidad de aceptar la ambigüedad como parte de nuestra vida diaria, no solo para ser más eficientes y exitosos, sino por nuestra propia salud mental. Para lograrlo debemos ser pioneros del cambio y utilizar nuestros 2 hemisferios del cerebro.

Para evaluar como estamos en el manejo de incertidumbres podemos preguntarnos que tanto aceptamos el cambio en nuestras vidas, cuánto confiamos en nuestras intuiciones o cuán cómodos nos sentimos cuando tenemos ideas contradictorias, estas interrogantes forman parte de las 12 preguntas que componen el cuestionario de auto evaluación que el autor nos presenta como paso previo para adentrarnos en una serie de ejercicios diseñados para ayudarnos a fortalecer nuestros poderes de sfumato.

· Arte / Scienza :

Da Vinci combinó arte y ciencia en toda su obra, se le conoció como un científico estudioso del arte y un artista estudioso de la ciencia, que invitaba a estudiar la ciencia dl arte y el arte de la ciencia. Para él arte y ciencia eran indivisibles, pensaba que la habilidad del artista para desarrollar la belleza de la forma humana debía nacer de l estudio de la ciencia de la anatomía.

Arte / Scienza es como lo expresa el autor, “El desarrollo del equilibrio entre la ciencia y el arte, la lógica y la imaginación. Es pensar con todo el cerebro”. Es la combinación y utilización de los dos hemisferios del cerebro, desarrollando la lógica y la creatividad a la vez, profundizando en la verdad o sea la ciencia, para así plasmar, conocer, desarrollar, admirar y plasmar la belleza del arte y la naturaleza

En la búsqueda del equilibrio de los dos hemisferios, el autor nos recomienda el uso de mapas mentales a fin de utilizar todo el cerebro para generar y organizar ideas y utilizarlos en los procesos de fijación de metas personales, planificación diaria y solución de problemas interpersonales. La mayor ventaja del uso de esta práctica es que en sí misma, es un entrenamiento para convertirnos en pensadores mas equilibrados. En este libro el autor nos enseña algunas técnicas para utilizar la cartografía mental y al igual que en los demás principios nos ofrece un cuestionario de auto evaluación con 19 preguntas y aplicaciones y ejercicios que nos ayudan a desarrollar el equilibrio arte/ciencia.

· Corporalita:

Da Vinci poseía una espectacular apariencia, siendo un hombre apuesto y fuerte, quien recomendaba tener una dieta balanceada, hacer ejercicio, etc., a su vez recomendaba el desarrollo de la ambidestreza, pintaba con ambas manos, entrenaba más su mano derecha, debido a que era zurdo, y es por ello que logró utilizar ambos hemisferios.

Corporalita es eso, “El cultivo de la gracia, la ambidextraza, la condición física y el porte”. No solo debemos desarrollar nuestra mente, nuestro cuerpo debe estar en forma y con salud para que haya un equilibrio entre ambos y esto último es responsabilidad exclusivamente nuestra, por ello debemos aprender a cuidar nuestra salud y cómo. El autor nos presenta entre otras reglas, Cuidarnos del mal genio y evitar la tristeza, ejercitar nuestro organismo, consumir alimentos simples, masticar bien, descansar la cabeza y mantener la mente alegre.

Con el cuestionario de auto evaluación podemos revisarnos para observar cual es nuestra actitud personal hacia el cuidado de la condición física y el desarrollo de la coordinación mente/cuerpo. Con los ejercicios que nos ofrece el autor podremos desarrollar un programa de acondicionamiento físico, explorar nuestro propio mapa corporal, reaprender la postura corporal y cultivar la ambidextraza.

· Connessione:

No es más que el pensamiento sistémico, la conexión de los sistemas de todos los objetos, con los fenómenos y situaciones, con la finalidad de crear un pensamiento global y universal y de esa manera abarcar en su máxima expresión, la interpretación de lo que somos, los que nos rodea, y lo que podemos llegar a ser si queremos, creemos y trabajamos para ello, como lo hacía Da Vinci.

En la auto evaluación ofrecida por el autor nos preguntamos si con frecuencia vemos relaciones que otras personas no ven o si hemos formulado con claridad las metas y prioridades de nuestras vidas y estas a su vez se integran con nuestros valores y propósitos, dos preguntas de un conjunto de 9 que bien pueden ser el punto de partida para reflexionar sobre nuestra capacidad para observar lo que nos rodea con un pensamiento sistémico. Gelb nos ofrece en este principio aplicaciones y ejercicios para aprender a contemplar la totalidad, lograr un pensamiento original y pensar hasta el final.

En conclusión este maestro brilla como un faro de plenitud, recordándonos el verdadero significado de haber sido hechos a imagen y semejanza de nuestro Creador.

Los invitamos a leer tan hermoso libro para que se encaminen hacia lo inimaginable y extraordinario y conocer lo que puedan llegar a ser.

Resumen realizado por las estudiantes de Post-grado de Gerencia de la Universidad Tecnológica del Centro, Unitec

Lic. Isabel Carrero

Ing. Dubilú Rodríguez

Ing. Yunie Nieto

Material consultado:

Inteligencia Genial de Michael J. Gelb

Los 10 Genios más grandes de la Humanidad (V): Elizabeth, La Reina Virgen

Por: Ricardo González.

Guerrera…

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Reina…

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Pecadora…

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Virgen…

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Protestante…

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LECCIONES DE LIDERAZGO: ACTUA Y MANIPULA.
Por: Elizabeth, La Reina Virgen.

Para Erving Goffman (1922-1982), figura de culto de la teoría sociológica y precursor empírico de la vida cotidiana (la Etnometodología), la personalidad no es una posesión del actor, sino un producto de la interacción entre el actor y su audiencia. La persona (actor y cuerpo) proporcionan simplemente la percha sobre la cual colgará durante cierto tiempo algo fabricado en colaboración.

Para exponer claramente este proceso, Goffman toma del teatro la denotación “dramaturgica” y adapta su connotación a la sociológica, según la cual: Dramaturgia implica todas las tècnicas que utilizan los actores para controlar a las audiencias, especialmente los elementos que de ella puedan ser destructores. Los actores esperan que la personalidad representada sea lo suficientemente fuerte, de modo que la audiencia defina a los actores tal y como ellos desean. La Fachada (El “look” y los Modales), El Medio Físico (o los medios en los cuales hará su representación) y Los Secretos (placeres incompatibles con la representación, errores cometidos en la preparación de la misma, el proceso de producciòn, el “trabajo sucio” para llegar a los resultados finales: tareas físicamente sucias, semilegales, crueles y/o degradantes; y otros criterios de actuación, como insultos, humillaciones o pactos realizados para seguir actuando) se convierten entonces en la tarea diaria a cumplir para la elaboración de nuestra personalidad.

Cuando se es un personaje público: líder o “celebridad”, cada uno de estos pasos es tan vital que entonces el actor en cuestión se hace rodear de asesores de imagen de todo tipo, por una sencilla razón: hay que construir la personalidad de acuerdo a lo que las audiencias necesiten. En resumen, un líder o una persona debe construir ante todo su personaje para luego poder manipular a antojo a las audiencias, esto es Dramaturgia.

Según la necesidad de estas audiencias, el actor construirá su carácter: si esperan un Mesías, será un Mesías; si esperan a un libertador, será un libertador; si esperan a un guerrero, será un guerrero… o una guerrera.

En el filme “Elizabeth: La Reina Virgen”, de Shekar Kapur, (Reino Unido, 1998) vimos como una joven, nerviosa e inexperta reina tuvo que echar a rodar, literalmente, la cabeza de unos cuantos que no la dejaban ser a plenitud, encontrando finalmente en el arquetipo de “La Virgen” su salvación: anglicana, enemiga declarada de la Iglesia Católica, con un pueblo por gobernar dividido entre protestantes y católicos; Elizabeth encontraría el traje perfecto para presentarse ante su audiencia: virgen, guerrera, Purísima, enamorada solo de sus fieles; la figura perfecta para amar. ¿Quien iba a odiar a una reina anglicana si parecía la mismísima Madre de Dios?

En el nuevo filme “Elizabeth: La Edad Dorada”, del mismo Shekhar Kapur, Elizabeth lidera a un ejército de hombres contra la españolìsima Armada Invencible y debe enfrentarse “en privado” a un rival mucho peor: su prima, María Estuardo. Otra cabeza rodaría. Pero, nuevamente, ¿quién podría juzgar a la reencarnación de la mismísima madre de Dios: La benevolente, la heroína del pueblo, la única que se atrevió a enfrentar al Imperio para construir el suyo propio, la que impulsó la mayor revolución cultural de la historia inglesa, la Madrina de Shakespeare, la “Reina de las Hadas”?

Elizabeth Tudor, la hija bastarda de Enrique VIII y Ana Bolena, la única mujer en la lista de los 10 personajes que cambiaron la historia (según Michael Jelb) supo actuar y manipular perfectamente: fue la Virgen-Guerrera (según el arquetipo de C.G. Jung no se refiere a la sexualidad, sino màs a la mujer independiente), aprovechó la mayor crisis atravesada por su pueblo para plantarse como heroína, supo ganarse el respeto, el amor y la admiración de su pueblo a costa de su sacrificio de permanecer sola en el poder y su apariencia y modales de alma impoluta: maquillarse como una estatua de mármol cubierta de velos, igual que las imàgenes de la virgen presentes en las iglesias y su continua “rezadera” en público. ¿Sus secretos? El espionaje, la violencia, el chantaje, algunos amantes de renombre, la compra de conciencias o la censura y en ùltima instancia, el echar a rodar la cabeza de cualquiera que pudiera echar abajo su fachada. Lo que nadie le pudo quitar: su gran inteligencia como estratega militar: desde la estocada a su prima, hasta el golpe mortal a la Armada Invisible; todo ello contado por ella misma con un humor ácido, casi sádico, que la hacía mucho màs adorable para su violenta audiencia.

Qué tiempos tan bárbaros… aquellos!

Trailer del filme “Elizabeth, Los Años Dorados”. Para más información sobre Elizabeth, la película y la cinematografía alrededor de esta gran mujer, no deje de leer nuestros post dedicados al “Cine Isabelino” (Ver: Etiquetas)

Los 10 Genios más grandes de la Humanidad (IV): Nicolás Copérnico

Nicolás Copérnico – en polaco Mikołaj Kopernik, en latín Nicolaus Copernicus (Toruń, Prusia, Polonia, 19 de febrero de 1473 – Frombork, Prusia, Polonia, 24 de mayo de 1543) fue el astrónomo que formuló la primera Teoría heliocéntrica del Sistema Solar. Su libro, “De Revolutionibus Orbium Coelestium” (de las revoluciones de las esferas celestes), es usualmente concebido como el punto inicial o fundador de la astronomía moderna. Copérnico pasó cerca de veinticinco años trabajando en el desarrollo de su modelo heliocéntrico del universo. En aquella época resultó difícil que los científicos lo aceptaran, ya que suponía una auténtica revolución.

Entre los grandes eruditos de la Revolución Científica, Copérnico era matemático, astrónomo, jurista, físico, clérigo católico, gobernador, administrador, líder militar, diplomático y economista. Junto con sus extensas responsabilidades, la astronomía figuraba como poco más que una distracción.

El modelo heliocéntrico es considerado como una de las teorías más importantes en la historia de la ciencia occidental.

Vida y obra

Este famoso científico prusiano estudió en la Universidad de Cracovia (1491-94) bajo las directrices del matemático Wojciech Brudzewski. Viajó por Italia y se inscribió en la Universidad de Bolonia, (1496-99), donde estudió Derecho, Medicina, Griego y Filosofía, y trabajó como asistente del astrónomo Domenico da Novara.

En 1500 fue a París, donde tomó un curso de ciencias y astronomía, y en 1501 volvió a su patria y fue nombrado canónigo en la Catedral de Frauenburg, cargo obtenido merced a la ayuda de su tío Lucas Watzenrode.

Pese a su cargo, volvió a Italia, esta vez a Padua (1501-06), para estudiar Derecho y Medicina, haciendo una breve estancia en Ferrara (1503), donde obtuvo el grado de Doctor en Derecho Canónico.

Reinstalado definitivamente en su país (1523), se dedicó a la administración de la diócesis de Warmia, ejerció la Medicina, ocupó ciertos cargos administrativos y llevó a cabo su inmenso y primordial trabajo en el campo de la Astronomía.

Murió el 24 de mayo de 1543. En 2005 un equipo de arqueólogos de Polonia afirmó haber hallado sus restos en una iglesia del país.

Modelo heliocéntrico

En 1533, Johann Albrecht Widmannstetter envió a Roma una serie de cartas resumiendo la teoría de Copérnico. Éstas fueron oídas con gran interés por el Papa Clemente VII y varios cardenales católicos.

Para 1536 el trabajo de Copérnico estaba cercano a su forma definitiva, y rumores acerca de su teoría habían llegado a oídos de toda Europa. Copérnico fue urgido a publicar desde diferentes partes del continente.

En una epístola fechada de noviembre de 1536, el Arzobispo de Capua Nikolaus Cardinal von Schönberg pidió a Copérnico comunicar más ampliamente sus ideas y solicitó una copia para sí. Algunos han sugerido que esta carta pudo haber hecho a Copérnico sospechoso a publicar, mientras que otros han sugerido que esto indicaba el deseo de la iglesia de asegurarse que sus ideas fueran publicadas[cita requerida].

A pesar de la presión ejercida por parte de diversos grupos, Copérnico retrasó la publicación de su libro, tal vez por miedo al criticismo. Algunos historiadores consideran que de ser así, estaba más preocupado por el impacto en el mundo científico que en el religioso.

Las ideas principales de su teoría son:

Los movimientos celestes son uniformes, eternos, y circulares o compuestos de diversos ciclos (epiciclos).
El centro del universo se encuentra cerca del Sol.
Orbitando el Sol, en orden, se encuentran Mercurio, Venus, la Tierra y la Luna, Marte, Júpiter, Saturno
Las estrellas son objetos distantes que permanecen fijas y por lo tanto no orbitan alrededor del Sol.
La Tierra tiene tres movimientos: la rotación diaria, la revolución anual, y la inclinación anual de su eje.
El movimiento retrógrado de los planetas es explicado por el movimiento de la Tierra.
La distancia de la Tierra al Sol es pequeña comparada con la distancia a las estrellas.

De Revolutionibus Orbium Coelestium

Su obra maestra, De Revolutionibus Orbium Coelestium (Sobre las Revoluciones de las Esferas Celestes), fue escrita a lo largo de unos veinticinco años de trabajo (1507-32) y fue publicada póstumamente el 1543 por Andreas Osiander, pero muchas de las ideas básicas y de las observaciones que contiene circularon a través de un opúsculo titulado The hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus (no editado hasta 1878), que, pese a su brevedad, es de una gran precisión y claridad.

El sistema copernicano (De Revolutionibus Orbium Coelestium).Copérnico estudió los escritos de los filósofos griegos buscando referencias al problema del movimiento terrestre, especialmente los pitagóricos y Heráclides Póntico quienes creían en dicha teoría. En cuanto a la teoría heliocéntrica en sí, hasta donde se sabe hoy, fue concebida por primera vez por Aristarco de Samos (310-230 a.C.), a quien curiosamente no nombra en su obra.[2] Es preciso centrar el valor real de sus estudios en el hecho de reimponer teorías ya rechazadas por el «sentido común» y de darles una estructuración coherente y científica.

La ruptura básica que representaba para la ideología religiosa medieval, la sustitución de un cosmos cerrado y jerarquizado, con el hombre como centro, por un universo homogéneo e infinito, situado alrededor del Sol, hizo dudar a Copérnico de publicar su obra, siendo consciente de que aquello le podía acarrear problemas con la Iglesia; desafortunadamente, a causa de una enfermedad que le produjo la muerte, no alcanzó a verla publicada. Copérnico aún estaba trabajando en el De revolutionibus orbium coelestium (aunque aún no convencido de querer publicarlo) cuando en 1539 Georg Joachim Rheticus, un matemático de Wittenberg, llegó a Frombork. Philipp Melanchthon había arreglado para Rheticus su visita a diversos astrónomos y el estudio con ellos. Rheticus se convirtió en el pupilo de Copérnico, viviendo con él por dos años, tiempo durante el cual escribió un libro, Narratio Prima (primer recuento), resumiendo la esencia de la teoría de Copérnico. En 1542 Rheticus publicó un tratado de trigonometría escrito por Copérnico (incluido después en el segundo libro de De revolutionibus). Bajo gran presión por parte de Rheticus, y habiendo visto la reacción favorable del público frente a su trabajo, Copérnico finalmente accedió entregar el libro a su amigo cercano Tiedemann Giese, obispo of Chełmno (Kulm), a ser entregado a Rheticus para ser impreso por Johannes Petreius en Nuremberg (Nürnberg). La primera edición del “De Revolutionbus” aparece en 1543 (el mismo año de la muerte del autor), con una larga introducción en la que dedica la obra al Papa Pablo III, atribuyendo su motivo ostensible para escribirla a la incapacidad de los astrónomos previos para alcanzar un acuerdo en una teoría adecuada de los planetas y haciendo notar que si su sistema incrementaba la exactitud de las predicciones astronómicas, esto permitiría que la Iglesia desarrollara un calendario más exacto (un tema por entonces de gran interés y una de las razones para financiar la astronomía por parte de la Iglesia).

El trabajo en sí estaba dividido en seis libros:
1. Visión general de la teoría heliocéntrica, y una explicación corta de su concepción del mundo.
2. Básicamente teórico, presenta los principios de la astronomía esférica y una lista de las estrellas (como base para los argumentos desarrollados en libros siguientes).
3. Dedicado principalmente a los movimientos aparentes del Sol y a fenómenos relacionados.
4. Descripción de la Luna y sus movimientos orbitales.
5. Explicación concreta del nuevo sistema.
6. Explicación concreta del nuevo sistema(continuado).

Poner en tela de juicio que el hombre está en el centro del Universo para contemplarlo significa ir en contra del más grande de los ideales: el de la contemplación por parte del hombre de la majestuosidad de los cielos hechos por Dios. La importancia de la obra de Copérnico es ser una obra revolucionaria, precursora de grandes cambios científicos. Dicho carácter revolucionario no está sólo en sus escritos sino en poner en marcha unos caminos que romperán las barreras del pensamiento. No debemos olvidar que la obra de Copérnico sigue ligada al Mundo Antiguo, ya que ciertas premisas platónicas siguen vigentes en su pensamiento como los dos grandes principios de uniformidad y circularidad. Sin embargo con su obra se afianza otra gran idea propia de la modernidad: la naturaleza va perdiendo su carácter teológico, el hombre ya no es el centro del universo, sino que Copérnico le desplaza a una posición móvil, como la de cualquier otro planeta. A partir de Copérnico se desencadena la idea de que el hombre ahora está gobernado por su Razón, que será la facultad del ser humano que hace que tome parte en el ordenamiento del Universo. Así el hombre pasa a ser un ser autónomo que basa dicha autonomía en su capacidad de raciocinio. La razón humana puede ahora apoderarse de la Naturaleza: dominarla y controlarla. Así el hombre deja de ser el centro físico del Universo para convertirse en el centro racional del Universo. A partir de ahora nos enfrentamos al mundo, no contemplándolo, sino construyendo hipótesis a través de las capacidades del hombre, que contrastadas con la naturaleza se podrán dar por válidas o no.

En este caso particular, Copérnico tuvo en contra al cristianismo de la época que hizo suyos los presupuestos aristotélicos del mundo antiguo. Aristóteles escribió de teoría literaria, política, ética, metafísica, lógica, meteorología, física, biología, astronomía… y todo ello integrado coherentemente, lo que hacía muy difícil atacar una parte sin atacar al todo. A la vez, permitía, por esa misma razón, dejar de lado pequeñas dificultades que pudieran surgir en aspectos parciales. Esa es la razón fundamental de su permanencia como visión del mundo a lo largo de dos mil años. Si además se añade que, tras su descubrimiento por parte del mundo medieval, este sistema fue cristianizado y asumiendo por la Iglesia católica a través de la obra de Santo Tomás de Aquino, comprenderemos mejor la resistencia que opuso a su superación y hasta que punto determinó, no sólo la historia de la astronomía, sino de la ciencia y de la cultura.

La difusión de la teoría copernicana se lleva a cabo sobre un fondo político e histórico en el que es de importancia fundamental el problema religioso existente desde 1517 con la irrupción en escena del luteranismo. En 1545 se inició el Concilio de Trento, que después de tres sesiones, con su final en 1563, deja establecida la reforma radical de la Iglesia e impone un programa de recuperación y defensa del dogma frente al mundo reformista. Pío V y Gregorio XIII, entre 1566 y 1585 culminarán el proceso de recuperación de la Iglesia católica en la segunda mitad del siglo XVI, solventado los problemas de disensión interna y de jerarquía. Difunden la enseñanza eclesiástica y recuperan importancia e influencia en los países en que la creencia protestante se había hecho fuerte. Pero los sucesos acaecidos en los cielos durante a finales del siglo XVI y las observaciones que Copérnico hizo de estos, minaron ciertamente la autoridad y credibilidad de la filosofía que sustentaba la astronomía ptolemaica. La Iglesia protestante paulatinamente se rinde ante la situación y su oposición al heliocentrismo desaparece. Se da un vuelco en la situación. A partir del final de siglo será la Iglesia católica la que, utilizando su poder organizado en la Inquisición, convertirá al heliocentrismo en el enemigo más inmediato.

En cualquier caso no todo deben ser reproches a la Iglesia, porque si bien posteriormente la obra de Copérnico fue condenada, fue esta misma Iglesia católica la que permitió que el científico pudiera concebir, escribir y publicar. La biografía de Copérnico está enormemente influenciada por la Iglesia desde el momento en el que con diez años queda huérfano y es acogido por su tío, canónigo que un tiempo después llegaría a ser Obispo. Sería su tío Lucas quien tuviera prevista una larga etapa de formación académica en universidades de prestigio como las de Cracovia y Padua, y además sería gracias al respaldo de la Iglesia de Roma y a sus posesiones por lo que Nicolás Copérnico (y su familia) no deberían volver a preocuparse por los aspectos materiales de su vida, pues tendrían ingresos garantizados. La educación que su tío le proporcionó fue la que hicieron posibles las observaciones de los cielos y los estudios sobre astronomía que Copérnico realizó por las mejores Universidades de Europa.

A la muerte de su tío Lucas en 1512, los sucesivos obispos confiarán en Copérnico, bien como canciller, bien como administrador o visitador, y comenzará para él una época de actividad que casi podría describirse como febril. Durante los siguientes veinte años al menos, Copérnico deberá atender a la administración de bienes y servicios de la diócesis, llevará a cabo intensas gestiones diplomáticas… y además de todo eso, observará el cielo, anotará pacientemente posiciones del Sol, días y horas de eclipses, ocultaciones y conjunciones, y comprobando pacientemente y de forma minuciosa cada dato conocido irá elaborando su obra magna, el “De Revolutionibus”. Sólo utilizó tres instrumentos: el Cuadrante, el Astrolabio y el “instrumento paraláctico”. Con ellos, desde su torre, observará Sol, Luna y estrellas durante esos años. La última observación que utiliza en el “De Revolutionibus” es del 12 de Marzo de 1529 y lo es del planeta Venus. Por entonces debía estar finalizando su redacción y tenía ya 56 años.

Prácticamente todos los especialistas piensan que “De Revolutionibus” estaba acabado en torno a 1530. Pero Copérnico no lo publica. Que se sepa, ni intenciones de hacerlo tuvo. ¿Por qué Copérnico, que llevaba quizás 20 años o más trabajando en esa obra, se mostraba indeciso para publicarla? Él mismo esbozará algunos motivos en la dedicatoria del “De Revolutionibus”, pero, ¿por qué? Sólo caben hipótesis: Los datos que profusamente utilizaba en su obra provenían de las obras antiguas y, por consiguiente, podían tener errores notables acumulados; por otro lado estaba el problema de la reforma religiosa planteada por el luteranismo y la sensación de vivir un periodo de ortodoxia cambiante en el que, quizás (y Copérnico sí que dio siempre muestras de portarse así) lo mejor era guardar cierta distancia y prudencia respecto a ciertas formulaciones que pudieran “herir sensibilidades” filosóficas o religiosas. Si a todo esto se añade (¿por qué no creerlo, si él mismo lo dice?) sus veleidades elitistas inspiradas en el secretismo pitagórico, quizás podamos hacernos una idea de por qué “De Revolutionibus” permaneció probablemente otra docena de años oculto.

El libro apareció en la primavera de 1543. La edición incluía la advertencia al lector redactada por Osiander, la carta que el cardenal Schönberg había escrito a Copérnico en 1536 y una dedicatoria del propio Copérnico al Papa Pablo III, que será el texto que ahora nos ocupa. Todos los documento citados son de suprema importancia, pero el tercero destaca por encima de los otros dos por ser en el que Copérnico nos dice algo sobre la génesis de su trabajo.

En la dedicatoria de Copérnico al Papa, el autor primeramente da por cierto que poner en movimiento la Tierra causará peticiones de condena, por lo que durante largo tiempo dudó si darlo a conocer u operar al estilo pitagórico. Además, hace saber al Papa cómo puedo habérsele ocurrido poner a la Tierra en movimiento. En primer lugar, dice que los matemáticos no están de acuerdo con las investigaciones ya que no se ponían de acuerdo en la duración del año, inseguros de los movimientos del Sol y la Luna respectivamente. Además, para explicar sus teorías utilizan distintos supuestos y demostraciones (sin unificar una serie de principios válidos universalmente). Admiten muchas cosas que contravienen los primeros principios acerca de la regularidad del movimiento de los astros, y tampoco han sido capaces de hallar lo más importante, “la forma del mundo y la inmutable simetría de sus partes”.

La obra de Copérnico y los cambios que propone se proyectan sobre el estado anterior de la astronomía y sobre el entramado científico y filosófico que con él se asociaban. En el texto que ahora comentamos, el autor hace un breve repaso por todas aquellas partes de la astronomía anterior a él que quedan obsoletas a partir de sus descubrimientos: la inseguridad sobre los movimientos del Sol y la Luna (ya que sus movimientos anuales no se podían establecer con seguridad), la explicación del movimiento de los planetas tampoco resultaba aceptable ya que no se utilizaban los mismos supuestos para todos (ya que en unos casos se utilizan círculos homocéntricos, en otros excéntricos, epiciclos, etc.),y sobre todo, que el Universo era tomado como un sistema por partes que carece de unidad. De esta manera, al final del texto, el autor reflexiona y explica que la astronomía que le precedía era confusa en el sentido de que no se seguían principios seguros sino que en unos casos se utilizaban unas explicaciones, en otros otras, y que por lo tanto se llega a un “método” incompleto (ya que si las hipótesis que se plantearon fuera ciertas, ciertamente podrían demostrarse con facilidad.)

Las ideas principales de la obra de Copérnico, que se oponen a las anteriores a él, son entre otras, su idea de preservar la unidad de movimientos y crear un sistema de círculos más racional. El helioestatismo y el heliocentrismo no son las premisas sino la conclusión. Además, elimina los ecuantes de la astronomía porque no parecen respetar los principios básicos de Platón. Cambia también de hipótesis y toma la de que el Sol permanece quieto y la Tierra se mueve (con una serie de movimientos distintos: el movimiento de rotación, el de traslación y el de declinación que sirve para explicar los equinoccios). Para esto, Copérnico plantea sus hipótesis: que no existe un centro único de todas las esferas celestes, y que además el centro de La Tierra no es el centro del Universo (sino el centro lunar y el centro de gravedad). Todas las esferas giran en torno al Sol, que es el centro de giro de ellas, y el Sol está en las proximidades del centro del Mundo; supera el problema del paralaje si pensamos que las estrellas están a una distancia muchísimo superior a lo que se pensaba anteriormente. Además, cualquier movimiento que parezca realizado en la esfera de las estrellas no es tal; sino que lo que se mueve es la Tierra (que gira cada día y da una vuelta completa, mientras que la esfera de las estrellas está inmóvil). De esta misma manera, los movimientos del Sol no se deben a él, sino a la Tierra que gira en torno a él igual que el resto de planetas; y los movimientos retrógrados y directos de los planetas no se deben a ellos, sino al movimiento de la Tierra. Vemos por lo tanto que el plantear la hipótesis de que la Tierra se mueve sirve para explicar muchas de las irregularidades de los movimientos del Universo: elimina antiguos problemas y herramientas complicadas como los ecuantes, las esferas celestes, etc.

De esta manera llegamos a la conclusión de que la idea principal de Copérnico fue la de conservar las ideas y principios de la Antigüedad pero con otra hipótesis: la del movimiento de la Tierra. Ptolomeo sólo ofrece una caja de herramientas para resolver problemas, mientras que Copérnico unirá todos esos problemas para dar una configuración completa del Sistema Planetario: un Universo finito y cerrado pero con las estrellas infinitamente alejadas, idea que daría píe a que sus sucesores planteasen la idea de un Universo infinito. Por eso insistimos en que la importancia fundamental de Copérnico no fueron sus ideas en sí, sino lo que estas significaron para abrir pico paso a los descubrimientos astronómicos posteriores.

Como curiosidad, el primer ejemplar de la publicación llegó a Nicolás Copérnico el mismo día de su muerte, el 24 de mayo de 1543.

Legado

Copérnico está considerado como el fundador de la astronomía moderna, proporcionando las bases que permitieron a Newton culminar la revolución astronómica, al pasar de un cosmos geocéntrico a un universo heliocéntrico y cambiando irreversiblemente la visión del cosmos que había prevalecido hasta entonces.

Así, lo que se conoce como Revolución Copernicana es su formulación de la teoría heliocéntrica, según la cual, la Tierra y los otros planetas giran alrededor del Sol.

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